¿Qué Pasa?

A 2.50 el Cuba libre, no es la comedia que cree que vi

A 2.50 el Cuba libre,  no es la comedia que cree que vi

Cuando al inicio de una pieza de teatro, el público ha llenado hasta el último de los asientos, anhelando el inicio para, conocida ya la fama de la pieza, reír a carcajadas. Y se reirán. Pero lo que habrán visto no es una comedia cargada de palabras fuertes, desparpajos y exposición de la sub-cultura de las trabajadoras sexuales de El Acuario, el prostíbulo en que se transforma el espacio teatral.

Aquel prostibulario, regido por una autoritaria Doris Josefina, alias La Caimana y que será pasarela de vidas en drama, envueltas en el velo al viento de la comedia que el público ordinario piensa que es.

Si alguien tiene duda sobre la pre-eminencia que ha adquirido la estatura de Johnnié Mercedes, talento al cual se por descuido o prejuicio, se le había escamoteado hasta hace poco el valor de director teatral que sin dudas le adorna. Juancito Rodríguez evidencia otra vez su olfato de productor que sabe a la perfección qué y cuándo prestar un trabajo.

Sucesivamente las mesoneras prostituidas, trabajadoras sexuales de la condición de origen particular y distinto, desarrollarán uno de los trabajos de monólogo dramático, en medio del marco de la risa que comporta la comedia, más resaltantes que hayamos visto.

Yorya Castillo, Lumy Lizardo, Honny Estrella y Liz Soto, evidencian que exceden las marcas del mercado escénico que solo percibe cuerpos y rostros hermosos y malas palabras, para mostrar el intenso y doloroso universo de este mal vivir del prostibulario. Particularmente la Honny Estrella despeja dudas que quedaron en algunas de sus interpretaciones anteriores.

Y qué decir del dominio de la Bucarelly de aquel verticalista y sin dobleces de la dueña de El Acuario, más interesada en la producción que en cualquier otro considerando sobre el estado social y psicológico de sus esclavas.

La gente común, incluyendo a un par de necios del público no teatral que acudió a verlas, creerá que vio una comedia casi clásica por sus aportes al hiper-realismo teatral con que el dramaturgo venezolano Ibraimm Guerra, desde su estreno en 1982, en Caracas, para iniciar un recorrido por escenarios latinoamericanos que aun sigue divirtiendo, sorprendiendo y denunciando.