Cuando al inicio de una pieza de teatro, el público ha llenado hasta el último de los asientos, anhelando el inicio para, conocida ya la fama de la pieza, reír a carcajadas. Y se reirán. Pero lo que habrán visto no es una comedia cargada de palabras fuertes, desparpajos y exposición de la sub-cultura de las trabajadoras sexuales de El Acuario, el prostíbulo en que se transforma el espacio teatral.
Aquel prostibulario, regido por una autoritaria Doris Josefina, alias La Caimana y que será pasarela de vidas en drama, envueltas en el velo al viento de la comedia que el público ordinario piensa que es.
Si alguien tiene duda sobre la pre-eminencia que ha adquirido la estatura de Johnnié Mercedes, talento al cual se por descuido o prejuicio, se le había escamoteado hasta hace poco el valor de director teatral que sin dudas le adorna. Juancito Rodríguez evidencia otra vez su olfato de productor que sabe a la perfección qué y cuándo prestar un trabajo.
Sucesivamente las mesoneras prostituidas, trabajadoras sexuales de la condición de origen particular y distinto, desarrollarán uno de los trabajos de monólogo dramático, en medio del marco de la risa que comporta la comedia, más resaltantes que hayamos visto.
Yorya Castillo, Lumy Lizardo, Honny Estrella y Liz Soto, evidencian que exceden las marcas del mercado escénico que solo percibe cuerpos y rostros hermosos y malas palabras, para mostrar el intenso y doloroso universo de este mal vivir del prostibulario. Particularmente la Honny Estrella despeja dudas que quedaron en algunas de sus interpretaciones anteriores.
Y qué decir del dominio de la Bucarelly de aquel verticalista y sin dobleces de la dueña de El Acuario, más interesada en la producción que en cualquier otro considerando sobre el estado social y psicológico de sus esclavas.
La gente común, incluyendo a un par de necios del público no teatral que acudió a verlas, creerá que vio una comedia casi clásica por sus aportes al hiper-realismo teatral con que el dramaturgo venezolano Ibraimm Guerra, desde su estreno en 1982, en Caracas, para iniciar un recorrido por escenarios latinoamericanos que aun sigue divirtiendo, sorprendiendo y denunciando.

