Durante unos meses a causa, sobre todo, de un aumento súbito en los precios internacionales del petróleo y a que el Partido de la Liberación Dominicana en pleno no había entrado en el ruedo de la campaña- el entonces candidato presidencial del Partido Revolucionario Dominicano, ingeniero Hipólito Mejía, estuvo encabezando cómodamente las preferencias electorales.
Las mediciones, en el tramo inicial, tempranito de la contienda presidencial 2012, asignaban a Hipólito y el PRD entre un 47 y un 49% de simpatías contra menos de un 40% del candidato triunfal del PLD.
Sin embargo, a menos de cinco meses del certamen, la fórmula ganadora del PLD y aliados superaba a Mejía con 3 puntos. Ya la estrategia había funcionado y la calidad, credibilidad, unidad, honestidad y buena voluntad de la oferta electoral del partido de Juan Bosch se había impuesto y no se dejó bajar jamás del palo.
Además, empezó a pesar la extraordinaria y exitosa obra de gobierno de Leonel Fernández, caracterizada por crecimiento económico sostenido, estabilidad macroeconómica y en la tasa cambiaria, salto en la inversión en educación de un 1.6% del PIB a un 3%, mejora de muchos servicios y una nación más moderna y solidaria a través de los planes sociales.
Hipólito se erigía en el campeón de los errores hablando hasta por los poros, y no pegaba una.
Se quedaron en ese sueño del que nunca despertaron y tomaron, usaron y gastaron, como Pedro por su casa, recursos provenientes de diferentes sectores. Como opción de poder, al encabezar las encuestas durante un tiempo, y con la seguridad de que repetirían prácticas bochornosas pasadas (2000-2004), Hipólito y su equipo recibieron una extraordinaria cantidad de recursos.
Ahora Hipólito y parte de sus colaboradores más cercanos lucen asustados, turbados, desesperados y preocupados. Además, no se atreven a mirar a la cara a los financistas de su campaña.
Por la boca muere el pez, dice un refrán popular y -como ese fue uno de los errores de Hipólito para perder las elecciones- antes de que se le endilgue que por sus metidas de pata el PRD no accedió al poder, él y sus colaboradores han preferido armar uns crisis y desviar la atención de la opinión pública y, en especial de sus cooperantes, primero achacando la culpabilidad de la derrota al presidente del partido blanco, Miguel Vargas, luego al presidente de la República, Leonel Fernández, y mañana sabrá Dios a quien.
En lo que Hipólito y su equipo están claros es en que no se debe saber lo que todo el pueblo conoce, las reales causas de su derrota, puesto que indefectiblemente- serian liquidados por el partido y sus financistas, sobre todo estos últimos, que tienen fama mundial de cobrarse su dinero como sea. ¿No será a esto que le huye Hipólito?

