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A simple vista sólo nos queda tener esperanza, ilusión y fe

A simple vista sólo nos queda tener esperanza, ilusión y fe

A simple vista, -no significa que muchos lo reconozcan- para vivir, siempre hace falta un motivo que te incentive hacerlo. Vivir sin propósitos es llevar una existencia vacía, donde en innúmeras ocasiones, siquiera el dinero puede llenar esas oquedades. Hoy, en busca de motivos, siquiera para embardunar esta página, pensé que ya está bueno para dejar llevarse cual si fuésemos borregos, por esta peste política y de auto religiosos, o ungidos por un Señor al que solo reconocen por la oratoria que han puesto en sus labios pero, nunca con su forma de vida.
Ahora, que la ataguía, ideada y construida por el clero satánico de un comité perverso, con la finalidad de encerrarse en ella como barrera de impunidad, ataviados con una plétora de excusas con el fin de justificar sus indelicadezas y ocultarse de la justicia mostrenca, ideada y formada por ellos mismos, es que podemos ilusionarnos por determinado tiempo, en espera de que la espada de Damocles, termine sobre sus cabezas y que la fuerza de la ley pueda arrancar de raíz ese cerco maldito, protector de la casta más perversa y corrupta que hasta estos tiempos, haya conocido nuestra historia republicana.
Pero hoy, después de tanto tiempo vivir con la ilusión –con poco o ningún motivo real- y, quiera Dios que esto no haya sido un engaño de nuestros sentidos y nuestros deseos, sino más bien, fundamentados en la esperanza, en esa necesidad ontológica que nos ha marcado una dirección para accionar en busca de la persona que realmente nos conduzca hacia esa senda de honestidad e institucionalidad que nos ha hecho tanta falta en los últimos años, es que respiramos con fe de que por fin, seamos como país, lo que merecemos ser.
Constituiría una desgracia que volvamos a fracasar otra vez y que la esperanza, la ilusión y hasta la fe vuelvan a ser truncados por un accionar político maligno, y aunque estos términos parecen ser lo mismo, en realidad representan valores casi semejantes pero, no iguales.
No, en realidad, si perdemos estos valores, sumados a esta desgraciada pandemia que inhumanamente ha sido manejada políticamente y todas las consecuencias que ha acarreado, como la recesión económica que apenas comienza a manifestarse debido entre otras cosas, a la pérdida de empleos; a la cotidianidad abusiva de la política y su clientelismo; al endeudamiento desmedido llevado a cabo por un grupo de desaprensivos; a la destrucción de la institucionalidad, encabezados de manera increíble, por aquellas instituciones consideradas el sostén del Estado y su estabilidad en cuanto a la seguridad ciudadana, como lo son las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, que solo el pensar penetrar en este desbarajuste de las mismas, aterra y mete miedo.
Tenemos que esperar, respirar hondo y esperar, agarrarnos firmes en la esperanza, tener fe, mantener ese estado de ánimo hasta que dejemos de creer o nos obliguen hacerlo. ¿Peor? Si, podríamos llegar a estar peor si nos desplomamos del andamio en el cual hemos confiado para elevarnos por encima de todas estas indelicadezas, entonces qué, qué nos quedaría, simplemente la nada, el abismo político-social y la depresión moral de haber fallado una vez más en la escogencia de los llamados a defendernos y protegernos. En tanto, solo nos queda aferrarnos a la fe y sobre todo, a exigir nuestro pago ante el sacrificio físico-moral y económico, que nos ha costado el haber salido de lo peor como gobierno que jamás hayamos visto. Vamos a confiar y esperamos, me parece que ahí radica la cosa. ¡Sí señor!

Rafael R. Ramírez Ferreira
rafaelelpiloto1@hotmail.com

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