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Absurdos aeroportuarios

Absurdos aeroportuarios

Con más de 10 millones de visitantes, República Dominicana se ha convertido en uno de los destinos turísticos más importantes del Caribe. ¡Un aplauso! Pero entonces uno se pregunta: ¿por qué, si somos tan turísticos, tenemos tantos obstáculos.

1.El famoso E-ticket… ¡una verdadera vaina! Solo se puede llenar por internet, como si todos tuviéramos un iPad. Hay gente adulta que no sabe llenarlo y ahí están, sudando frío en la fila con el celular prestado del primo. ¿Y para qué todo ese formulario eterno, si al final el inspector solo te mira el pasaporte y dice “siga”? Parece que lo mantienen por nostalgia, porque útil no es.

2. Transporte público ¿Querías ir en guagua? ¡Iluso! No hay transporte público decente hacia el aeropuerto. Tienes que pagar un taxi que cuesta caro, o llevar tu propio carro, llenando las carreteras y vaciando tu tanque… y tu paciencia.

3. Las filas separadas: hombres, por un lado, mujeres por otro y el sentido común… perdido

Nada como llegar al chequeo y que te separen de tu familia. ¿Qué lógica tiene? Nadie lo sabe. Pero ahí estás tú, viendo cómo tu abuelita carga su maleta sola, mientras tú esperas en la fila de los hombres con cara de “¿y esto pa’ qué es?”. Y si preguntas, el agente solo responde con un suspiro: “eso viene de arriba”. ¿De arriba de dónde? ¿Del cielo?

4. El milagro de las sillas de ruedas

De regreso, en la puerta del avión, aparece una procesión de sillas de ruedas. Pero apenas abren la puerta, ¡ocurre el milagro! Todos se levantan, saludan, bailan, y tú no sabes si estás en el aeropuerto o en una fiesta patronal.

5. El carrito y el “ayudante espontáneo”

Antes, uno alquilaba su carrito para cargar el equipaje. Ahora, aparece un señor muy amable que te dice: “yo se lo llevo, solo paga el carrito”. Todo bien… hasta que vas a pagar: 7 dólares de alquiler… y luego te miran con ojitos de propina.

6. Los impuestos: Para entrar y salir del país por avión, hay que pagar unos impuestos que te dejan el bolsillo llorando. Especialmente la diáspora, que viene con ilusión, regalos, dólares… y se va con el alma alegre pero el monedero vacío.

Es hora de revisar estos absurdos y dejar de ponerle más estrés al proceso de viajar. ¡Que la única turbulencia sea en el avión y no en el aeropuerto!