Opinión

Agresión migratoria

Agresión migratoria

Manuel Fermín

Manuel Fermín

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Permanecer en el estado de quietud y de aceptación de “entregar la sangre del cordero” a que conducen el pueblo dominicano, me decepciona.

Ninguna nación que con espíritu de sacrificio quiera llevar su población a niveles de bienestar puede admitir una agresión migratoria de indigentes de otro país que no ha sabido gestionar su destino y cuyas élites obligan a desvanecer la participación de ese pueblo en los asuntos públicos.

Como si su negritud y miseria fuera óbice para sacrificar a su vecino fronterizo, sirva de excusa para tener que asumir su decadencia. Fracasado Haití y todo su conglomerado humano se han propuesto anegar la República Dominicana y demás países vecinos sin necesidad de que esta vez tengan que hablar los héroes ni tampoco una doble repetición de los hechos del pasado.

Hemos quedado indefensos, sin guías que hagan testimoniar nuestro rechazo a esa violación, esa suerte de puñalada en el corazón de la patria que luce traicionada por la generación política que la dirige.

Tanto esfuerzo de desarrollo, de avanzar, de desarrollar nuestros recursos humanos, de su fuerza moral, los valores democráticos, en fin, no deja de atestiguar el espíritu y la imagen de la entrega del dominicano a operar transformaciones uniformes a su interés; de ser estos eficazmente movilizados para ser puestos al servicio de un pueblo que ha venido definiendo una nacionalidad de todos con todos.

El mayor peligro es el de la irresponsabilidad de malos dominicanos que han llegado a límites de plantear la ficción de la unión, negando afanosamente, causas de sus defensas de un nacionalismo moral, no ideológico solo por ambiciones particulares en una nación tan heroicamente defendida por nuestros antepasados.

Pero no, vigilad a quienes nos advierten de los peligros, son peligrosos, y es con este desciframiento que pretenden separarnos de la inteligencia política de los que gobernaron antaño la República, que ha gozado de la protección ante tantos avatares. Debemos seguir diferenciándonos como Estado soberano por encima de intereses foráneos que consideren lo contrario.

El Nacional

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