Hillary Clinton se quedó sola con su propuesta de que fuera condicionado el reingreso de Cuba a la Organización de Estados Americanos, OEA. Se equivocó la Secretaria de Estado al pensar que la mal llamada Carta Democrática, aprobada en Lima el 11 de septiembre del año 2001, obligaría a todos los gobiernos del continente a exigir la instauración de la democracia representativa para revocar la resolución adoptada en el año 1962.
La reunión en San Pedro Sula tuvo lugar 47 años y 5 meses después de aquella cumbre realizada en Punta del Este en la que Estados Unidos consiguió 14 votos para imponer una resolución que declaraba incompatible con el Sistema Interamericano la adhesión de Cuba al marxismo-leninismo. ¿Olvidó esto la señora Clinton?
Hace 34 años, en julio de 1975, la OEA se vio obligada a dejar a sus miembros en libertad para manejar sus relaciones bilaterales con Cuba. En 1964, la OEA había solicitado a todos sus miembros a suspender todo comercio con Cuba, vinculado a armas o a cualquier tipo de material de guerra. Esto fue en respuesta a una acusación del Gobierno de Venezuela, encabezado por Raúl Leoni, de que Cuba suministraba armas y apoyo económico a las guerrillas de ese país.
El llamado fue revocado a los 11 años, porque varios países (Argentina, Chile, Panamá y Perú, entre ellos) mantenían vínculos con Cuba.
¿No pudo Hillary Clinton darse cuenta de que estaba condenada al fracaso la acción de invocar, justo ahora, la Carta Democrática para condicionar y quizás posponer la readmisión de Cuba en el seno de la OEA? En 1975, tenía plena vigencia el acuerdo militar conocido con el nombre de Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, TIAR, y, sin embargo, no alcanzó para mantener como principio el distanciamiento en relación con Cuba.
En América Latina hay gobiernos de ultraderecha como el de Colombia y el de México, pero no puede haber gobernantes y diplomáticos cortos de vista hasta el extremo de no reconocer como improcedente la exclusión de un país cuyo Gobierno, lejos de constituir un ente de agresión, es solidario con los demás países de la región.
Cientos de jóvenes de este continente realizan o han realizado estudios en Cuba, que además colabora en programas de alfabetización, en campañas médicas y en programas culturales y deportivos. ¿Con cuáles argumentos se condiciona la inclusión de Cuba en los mecanismos latinoamericanos de integración a que adopte la democracia representativa, que convive en armonía con la injusticia y la desigualdad en muchos de nuestros países?
Como era de esperarse, el bloque anticubano en el Congreso de Estados Unidos, encabezado por apátridas como Lincoln Díaz-Balart (republicano) y Robert (Bob) Menéndez (demócrata), y por retardatarios como Connie Mack (republicano), elabora propuestas para recortar los fondos de Estados Unidos a la OEA.
Sin embargo, no es la manipulación de anticomunistas viscerales o de funcionarios que, como Hillary Clinton, fueron y seguirán siendo anticubanos, el factor determinante en la posición de Cuba de no presentar solicitud formal de reingreso a la OEA.
Fidel Castro, en su artículo del pasado miércoles, habla del peso que tiene en la historia del organismo regional su complicidad con intervenciones armadas de Estados Unidos en varios países de América Latina, pero tampoco es el pasado lo determinante, y él mismo lo deja claro.
Lo fundamental es que, episodios recientes, muestran que el cambio no ha tocado la esencia. En el año 2002, la OEA no movió un dedo para evitar que uno de sus países miembros, Colombia, recibiera como huéspedes distinguidos a golpistas venezolanos. Hace poco más de un año, fue incapaz de condenar la incursión armada de Colombia en territorio ecuatoriano, en una acción en la que fue asesinado el comandante guerrillero Raúl Reyes, junto a más de 20 personas.
Es evidente que, para ser garante de la dignidad y de la soberanía, la OEA debe cambiar en la forma y en la esencia… Y que el cambio en América Latina debe llegar hasta transformar ese organismo o sustituirlo por otro que promueva una relación horizontal, una relación en la cual ningún hermano pueda esgrimir el garrote…

