Opinión

Algo hay que hacer, ¡y rápido!

Algo hay que hacer, ¡y rápido!

El sistema de tránsito y transporte ha colapsado definitivamente por lo que prevalece un absoluto caos en la circulación urbana e interurbana de vehículos, lo que impacta negativamente en todas las actividades económicas y en el precario sosiego ciudadano.

Deben ser muy elevadas las pérdidas que sufre la economía a causa de la tardanza o ausentismo laboral que ocasionan los largos y enormes taponamientos que ya ocurren en casi todas las avenidas o vías expresas del Gran Santo Domingo, Santiago, La Romana, Higüey y otras comunidades o áreas urbanas.

La principal consecuencia de ese infierno se traduce en el elevado número de muertos y heridos a causa de accidentes de tránsito, lo que ha convertido el territorio nacional en uno de los mayores escenarios de mortalidad por esa causa.

Para que un conductor o pasajero pueda llegar a su destino en tiempo relativamente puntual, se requiere sufrir por al menos una hora los suplicios de un tránsito caótico, contaminante y peligroso, lo que se refleja en reducción del tiempo laboral, en la calidad de los servicios o en el volumen de producción.

De poco ha servido la instalación de un metro y un teleférico, de habilitar nuevos elevados y túneles, de ampliar la flotilla del Servicio Metropolitano de Autobuses (OMSA) o dividir las avenidas con conos para reorientar el tránsito.

Por lo que resta del año se prevé que las ferias de vehículos que ofertan bancos comerciales, concesionarios y dealers agregarán más de diez mil automóviles al parque vehicular, lo que seguramente agravará la exasperante situación de anarquía y caos prevaleciente en el tránsito.

A ese inventario de vehículos ingresan miles de carros desechados en naciones de Asia, que después de ser reparados y borrado su kilometraje, son vendidos aquí, además de otros lotes que se importan en violación a la ley porque tienen mucho más años de uso que el permitido por la Dirección de Aduanas.

Tan grave o difícil se ha tornado el desorden vial que a golpe de tanta exasperación, conductores y choferes ya no exhiben debida cortesía por lo que los cascos urbanos se han convertido hoy en zonas selváticas, proclive siempre a la agresión o a la violencia. Algo hay que hacer, ¡y rápido!

El Nacional

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