Finalmente pude entregarle mi renuncia del PLD a alguien. Recorrimos 100 kilómetros, 70 de ellos caminados en unas 14 horas bajo un sol abrasador para depositarla en la tumba de Juan Bosch, este martes en el centenario de su nacimiento. Dirigida a Roberto Sánchez, presidente del Intermedio. Este es el contenido de la misma que iba a entregar el 3 de julio de 2008:
Desoyendo consejos de familiares, amigos y compañeros que nos han acompañado en esta dilatada militancia política, entre los que se encuentra usted, he decidido renunciar a mi condición de miembro del Partido de la Liberación Dominicana (PLD). He de reconocer que no ha sido una decisión fácil, luego de treinta y un años de militancia y miles de vivencias, pero aquel hermoso instrumento político fundado por Juan Bosch ha sido convertido en un negocio para satisfacer intereses particulares de unos cuantos.
No me voy amargado. Allí recibí grandes satisfacciones, y pude construir excelentes y sólidas relaciones de afecto, pero no puedo seguir un minuto más en una organización que ha perdido su esencia de ser instrumento de servir a los demás, y siento que no existe ninguna posibilidad de reencauzar sus principios.
Claro esta que no renuncio a mis aspiraciones por cumplir con el legado de don Juan de luchar por construir una nación próspera y marcada por un ejercicio político digno y honesto.
De usted, afectuosamente,
Un amigo, Julio Polanco, me acompañó a pie y mi compadre Negro Robles y mi ahijado Milton Muñoz me asistían desde un vehículo. En La Vega nos esperaron el colega Víctor Abreu y el sacerdote Rogelio Cruz. Llegamos a la tumba a eso de las 6 de la tarde, yo en malas condiciones, a tal punto que sufrí un desmayo cuando Rogelio daba una oración con un mensaje de Gandhi. Supe que dirigentes del PLD, se opusieron a que se depositara la carta.

