La diabetes, enfermedad conocida desde los tiempos más remotos de la antigüedad, debe su nombre a la palabra griega diabeineirun que significa orinadera uno de los síntomas importantes con lo que se diagnostica la misma además de presentarse mucha sed, mucho apetito pero pérdida de peso.
Las estadísticas internacionales la consideran como una de las cuatro enfermedades que producen el 63% de las defunciones a nivel mundial conjuntamente con las enfermedades cardiovasculares, cáncer y broncopulmonares, motivo por el cual la Organización Mundial de la Salud lanzó una Estrategia Mundial de Alimentación Saludable, Actividad Física y Salud, con fines de prevenir la aparición de la misma, sobre todo en aquellos con mayor prevalencia de desarrollarla (pre-diabéticos).
Modernamente, por la prevalencia de la enfermedad -que en nuestro país llega a un 10% según el Estudio de los Factores de Riesgo (EFRICARD II)- en el cual participamos como investigador dirigido por el doctor Rafael Pichardo, organismos internacionales como la Oficina Panamericana Salud (OPS) han elaborado guías internacionales para la prevención de la Obesidad y Diabetes en los países de América Latina con recursos limitados en su sistema de salud, para su aplicación como política de estado, mensaje que actualmente analizamos en la coordinación de la Unidad de Diabetes del Hospital General Plaza de la Salud, para ser aplicado como un Plan Nacional de Diabetes.
Todos conocemos las complicaciones que acompañan a la diabetes (complicaciones cardiovasculares, hipertensión arterial, trastornos vasculares, diálisis, amputaciones, infecciones, ceguera ) y lo que más preocupa en el momento actual es la adherencia al tratamiento que deben llevar los diabéticos y que por muchos motivos no cumple, y que desencadenan grandes gastos económicos directos e indirectos- en la canasta familiar y presupuestaria de salud.
Dentro de esta falta de adherencia al tratamiento, es primordial la educación del diabético, justamente para prevenir todas esas complicaciones antes mencionadas, es bueno señalar que en la falta de adherencia participa el médico con una responsabilidad de un 50%, (por no aplicar tratamiento correcto o por inercia profesional), un 30% es responsabilidad del paciente (por no tener recursos económicos para medicamentos o indisciplina frente a las recomendaciones profesionales) y un 20% es responsabilidad del sistema de salud (por no dar prioridad a la diabetes, no tener un registro nacional de la enfermedad, no dar ayuda a los diabéticos no asegurados).
Uno de los programas más activos que actualmente desarrolla la Asociación Latinoamericana de Diabetes (ALAD) es el relacionado con el Grupo de Estudio del Pie Diabético, que preside el doctor Jose Daniel Braver de Argentina (www.alad-latinoamerica.org) y el complemento lo hace la educación preventiva meta a lograr cuando pasemos a dirigir esta institución a partir de Noviembre del presente año, para reducir las amputaciones (que causan grandes traumas psicoemocionales aparte de gastos económicos para la familia y la sociedad), en toda América Latina.

