Aproximación a Duarte

Duarte


Cuando España cedió a Francia la parte Este de la isla La Española, en 1795, las familias criollas que pudieron salir del territorio emigraron a Puerto Rico, Cuba y Venezuela, entre los emigrantes estaba la familia Duarte-Diez.

La dinámica de los sucesos históricos fue intensa, entre 1802 y 1809 fue la dominación francesa, que concluyó luego de la Batalla de Palo Hincado en noviembre de 1808; advino la Junta de Bondillo en diciembre de ese mismo año y la reincorporación a España, pero los franceses continuaron luchando para no entregar la plaza, aunque al fin lo hicieron en junio de 1809, cuando se rindieron ante una escuadra inglesa.

Con la reincorporación a España se inició el período de la España Boba y la familia Duarte-Diez regresó de Puerto Rico. Para 1813 nació Juan Pablo estando la colonia atravesando una aguda crisis económico-social y los criollos se hacían sentir como comunidad en busca de su autodeterminación, lo que se expresó en más de siete complots proto autonomistas. Duarte creció en medio de una prolongada crisis del modelo colonial español en toda Hispanoamérica, misma que se hacía sentir aquí con particular dramatismo.

Estudios
A los 17 años Duarte viajó a Estados Unidos a estudiar inglés y luego a Europa donde residió hasta 1832. Uno de sus maestros era de nacionalidad haitiana y lo introdujo en la cultura francesa muy en boga en esa época, lo que le permitió aprovechar al máximo su estadía en el viejo continente. En Barcelona fue influenciado por el Romanticismo, entonces en auge, tuvo contactos con las prédicas de los Carbonarios de Italia. Estudió geografía, drama y teneduría de libros.

Al regresar fundó una escuela de cuadros políticos donde convergieron más de 20 jóvenes capitalinos, en ella se discutía de filosofía, política, teatro y se entrenaban en esgrima. Duarte ingresó a la guardia haitiana y otro tanto hicieron sus camaradas, donde recibieron entrenamiento militar que les sería de mucha utilidad, en especial entre 1844 y 1856.

Mujeres
Juan Pablo estimuló a las mujeres para participar en las actividades conspirativas en forma protagónica, a éstas se les conoció como “Las Comunicadas”.

En esa época eso fue excepcional puesto que la mentalidad dominante no admitía mujeres en política y menos organizadas. Esa participación desafiaba la ideología conservadora.

En tanto La Filantrópica distribuía volantes y agitaba políticamente, La Dramática hacía veladas culturales donde presentaba obras teatrales y la vanguardia trinitaria se desplazaba a los pueblos en labores proselitista, ellas hacían labores de apoyo logístico.

Desde 1836 la opresión nacional del Estado haitiano sobre el pueblo-nación dominicana había entrado en crisis y se manifestaba tanto en Haití como en la parte Este.

Sintomatología de la crisis era el descontento de los diputados haitianos que complotaban contra Juan Pedro Boyer que gobernaba desde 1818.

La crisis de gobernabilidad se hizo aguda en 1843 cuando se produjo la Revolución de la Reforma, gestada en el seno de la Cámara de Diputados y a ella se adhieren Los Trinitarios derrocando militarmente al gobierno.

Mientras, un grupo de connotados miembros de la oligarquía aprovechó para firmar un pacto con el Cónsul francés y así boicotear el objetivo de los jóvenes liderados por Duarte de crear un Estado Independiente de toda potencia extranjera.

En un territorio sin carreteras, inhóspito, con apenas 126,000 habitantes, sin las clases fundamentales del capitalismo, en crisis económica y con mayoría iletrada, la propuesta independentista chocó con los intereses de los conservadores que tenían mayor peso social e ideológico y sólo aspiraban a la separación de Haití para luego vincularse como súbditos a una potencia colonial.

Entre marzo del 1843 y febrero de 1844 los acontecimientos se sucedieron con inusitada rapidez y Duarte supo actuar con gran tacto político sin perder de vista el objetivo estratégico de la independencia. Se vio precisado a salir al exilio, empero no cejó en las tareas libertarias.

Sus escritos, su proyecto de constitución, sus epístolas y el dictado de sus memorias a su hermana constituyen fuentes invaluables de su accionar y pensamiento. Lo mismo que los testimonios de quienes conocieron su labor procera. Murió en el exilio luego de muchas vicisitudes en Caracas en 1876, a los 63 años.

No obstante ser un personaje altamente historiado, su vida y labor organizativa, siguen siendo harto desconocidas. Se precisa una sistemática labor de indagatoria histórica, de reescritura de su accionar, de divulgación de las circunstancias en que vivió y, sobre todo, pedagógica para rescatar su dimensión y situarlo donde le corresponde entre los niños y jóvenes llamados a emular su ejemplo imperecedero, hoy sometido a ataques por personas carentes de dignidad y al servicio de intereses espurios.