Cascanueces es, fuera de dudas, el símbolo de la danza más alto y firme de la Navidad. Cuando un montaje de ballet evidencia la fuerza de lo que trasciende y marca el alma, se está frente al milagro del arte que no se olvidará nunca, máxime si el acontecimiento marca la despedida de escena de una de las estrellas de la danza que durante 18 años entregó la magia de su arte, tal cual es Lisbell Piedra, quien dijo con este trabajo, el nostálgico adiós a la actuación.
El espectáculo consagrado por la tradición es una de las mejores conjunciones de literatura (el cuento de Emst offmann, la música de Tchaikovky y el rol de la danza, remontada en cada fin de año por decenas, cientos de compañías en los escenarios del mundo).
La versión Cascanueces ofrecida por el Ballet Concierto Dominicano, bajo la dirección de un artista cual es el maestro Carlos Veitía (con quien el país tiene la deuda por tan buenas actuaciones que nos ofreció desde el escenario durante años), – y que se presentó el fin de semana en sala Carlos Piantini del Teatro Nacional, ofrece para la crónica que debe dar cuenta de lo acontecido, un desafío fabuloso.
Exquisita la actuación de Lya Gómez (Clara), Lisbell Piedra (Hada de Azucarada), Sander Robert (Cascanueces), Yeri Peguero (Hada Azucarada) y Maikel Acosta (Caballero del Hada Azucarada).
Fue un desfile de personajes encantados y bien representados: los muñecos Colombina y Arlequín, así como también el Soldadito y el rey ratón con sus ratones.
Suma de notables desempeños y notable criterio en los recursos técnicos, Cascanueces resalta en esta versión por un vestuario de Adolfina Lluberes, sobradamente profesional en su terminación de época, asistida por Patricia Huerta y Annery Parra.
La escenografía debe consagrar a Ángela Bernal y las luces, de Bienvenido Miranda, recordaron que hay tras ellas inteligencia, intuición y sensibilidad en sus lances de luz y sombras.
Destacable el reforzamiento de Lauren Kness y Henry Winslow del Portland Ballet de Oregon y los talentos nuevos del Ballet Studio de Doris Infante que hacen la danza del mazapán y los buenos frutos.
Cascanueces despidió como debía ser a Lisbell Piedra, objeto de un reconocimiento especial, al final del espectáculo, en el que no faltaron lágrimas en los ojos de gente que aplaudió con emotiva satisfacción y con justicia consumada en el arte danzario de lo bien logrado.
Excelencia plena
El Ballet Concierto Dominicano y el Ballet Studio mostraron la justicia el valor del talento criollo en el mapa del ballet del mundo. La ubicación del país en los puestos más vergonzantes de las listas internacionales de aprovechamiento escolar, no parecen tener nada que ver con la consistencia de nuestra danza, respecto de cualquier otro país del mundo.
Cascanueces mostró en desempeño danzario, coreografía, vestuario, la espectacular escenografía y la estructuración del universo lumínico, lo que es capaz de dar el talento joven y veterano de la nación.

