Sin Lorca, callado y tormentoso, el teatro español sería tan solo de atractivo turístico culturalmente hablando. El Lorca rebelde y sacrificado por la intolerancia a fuerza del fusil, todavía vive: aplaudía silente en el Teatro Nacional a una Carlota Carretero, (La Novia), que llora de verdad, ya fuera de escenario, producto de una última escena, tras unos parlamentos desgarrantes en batalla verbal con el personaje de una María Castillo que logra la dureza de las rocas agresivas del acantilado. Flor de Bethania Abreu, al final, cuando caía el telón y subían los aplausos, quedaba convencida de haber realizado uno de los grandes sueños de su vida, como directora y como actriz (La Suegra).
Elenco de lujo
Lidia Ariza ofrece una lección de capacidad histriónica para rememorar sus pasillos internos más sagrados, cuando hace el monólogo de la Criada. Digna actuación secundaria memorable. Karina Noble se encarga de dar vida a la mujer del inolvidable amante y lo desempeña con la entrega necesaria. Iván García, (el padre de la novia), regio y limpio de toda borrasca del pasado, muestra el temple de un actor de carácter.
Orestes Amador, quien hace del fantasmagórico semblante de la luna e Isabel Spencer, negra, bella, dúctil, fina y firme, con una voz que parece acariciarnos todavía, hace de La Muerte, cómplice lunar, que ayudará irresponsablemente a que la sangre corra. Erenesto Báez impone una notable presencia en escenario. Resulta del Leonardo, desafío interpretativo que enfrenta como si fuera el papel más cimero de su carrera como actor. Amauris Pérez hace lo propio con El Novio.
Lo técnico
La escenografía de Bienvenido Miranda nos pone en contacto con el ambiente campesino nacional, aun cuando universaliza el telúrico y bien logrado bosque que será el marco para que los dos hombres se encuentren a muerte en la danza del orgullo y el desaire pasional se hacen sangre sobre el oscuro suelo. Para la escena final no pudo haber imaginado mejores elementos lumínicos y estilizados, apuntando a una arquitectura marcada por el aliento religioso. Iván Miura se luce con un vestuario local y universal al mismo tiempo.
La música
La dirección general es de Edis Sánchez y la ejecución en vivo del Grupo Drumayor, con Guarionex Aquino como invitado especial, con una actuación que otorga cuerpo sonoro y ambiental a todo el montaje. Y lo hacen con la perfección de un grupo que sabe del valor de la originalidad en la música para un montaje de grandes dimensiones. El apoyo original es tomado de los géneros tradicionales del campo dominicano y en la obra post moderna de Juan Luis Guerra.
La obra y el autor
Bodas de Sangre es una tragedia escrita por el español Federico García Lorca en 1932 y estrenada 1933 en el teatro Beatriz. El éxito fue inmediato.
Su seguimiento estructural de la tragedia griega, sus textos breves en prosa y verso, sin recubrimientos ampulosos, la fuerza de los personajes y lo aplastante de su final, transformaron la obra en un clásico moderno.

