Opinión

Breve que te quiero breve

Breve que te quiero breve

Pascua (2 de 2): la isla de Pascua es, dijimos, la historia de un desastre ecológico. Para colmo, una rata de otra región fue introducida en la isla, y al multiplicarse sin control apresuró la destrucción de la capa vegetal, porque el roedor comía sus semillas. 16 millones de árboles extinguidos en un siglo. Y con ello, la desaparición de sus docenas de ríos. Por no contar con la materia primera para construir canoas, dejaron de consumir su dieta principal: carne de delfín.

Su conexión con el mar se perdió para siempre. Entonces comenzaron a cazar a las aves de la isla hasta comérselas a todas. Luego de lo cual sus habitantes murieron de inanición. Cuando los europeos llegaron se enfrentaron a un panorama estéril. Se respiraba un ambiente de soledad y de caos, con docenas de cabezas derribadas o semidestruidas y muchas más a medio construir. Nada quedaba de su antiguo esplendor.

La isla había muerto, luego que sus habitantes la despojaron de sus recursos en un poco más de un siglo. El nombre de Pascua le fue dado por el navegante Jacob Roggeven, en 1722. El nombre real es Rapa Nui, que significa ombligo del mundo. Por cierto, hay 12 puntos geográficos en el mundo llamados Ombligo del mundo, nombre dado por sus tribus locales sin nunca ponerse de acuerdo con las otras.

En síntesis, la isla de Pascua fue víctima del peor daño ecológico en tiempos históricos. Nos recuerda que el cambio climático que hoy estamos apresurando en el planeta podría destruirnos como los pascuenses a Pascua y Pascua a sus insensatos moradores. Pascua es, hoy por hoy, el mayor escaparate del planeta que nos advierte: el fin del mundo no existe, pero el fin de la civilización puede ocurrir por nuestra culpa. Por insensatos y por derrochadores.

El Nacional

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