Se estima en 50 millones el número de turistas homosexuales que viajan cada año. La región del Caribe es uno de los destinos más atractivos para esta población. Sin embargo, las leyes restrictivas en la mayoría de las islas lo desestiman. Puerto Rico y Cuba inteligentemente están promoviendo atraer ese mercado, mientras que nuestro país con su doble moral, corre el riesgo de quedarse fuera.
Según la Organización Mundial del Turismo (OMT) el turismo LGBT mueve más del 3% del volumen de turistas a nivel mundial, representa un 15% del gasto turístico total y tiene un potencial de compra de un billón de dólares.
Además, suelen practicar un turismo desestacionalizado ya que no dependen de fechas escolares y no deben coordinar vacaciones con varios miembros de una familia al mismo tiempo.
El llamado “dinero rosa” existe, piensa y decide y cada vez supone un mayor atractivo para destinos y empresas. El colectivo LGBT, suele tener unos grandes ingresos, pero incluso los que tienen unas rentas más bajas, disfrutan de una mayor posibilidad de gasto, ya que en la mayoría de los casos no tienen cargas familiares.
Puerto Rico y México ya han legalizado el matrimonio homosexual, y recientemente la Asamblea Nacional de Cuba (nuestro principal competidor turístico) aprobó por unanimidad tramitar un proyecto de reforma de la Constitución que de aprobarse, daría un paso de gigante en el reconocimiento de los derechos LGTB, incluyendo el matrimonio igualitario y con esto llegarán más turistas a la isla.
En nuestro caso ¿en que nos perjudica que se promocione el país como destino gay en Europa, China, EUA o en el polo Sur? Lo importante es que vengan turistas y que gasten dinero, que se distribuye entre todos, (taxistas, restaurantes, disco etc.) ellos ni saben ni les importa quién es el cardenal, el obispo Masalles, el CODEU o el Tribunal Constitucional, solo quieren ver un país divertido y amable con los gais.
Tenemos ministros, legisladores y síndicos homosexuales, ahora lo que nos faltan son gente con la visión de un Ángel Miolán, quien instituyó los «divorcios al vapor» o como el exembajador Brewster, amigo y gran promotor de esta política. «Es positivo que turísticamente República Dominicana también se asocie a valores de tolerancia, diversidad, respeto y promoción del avance de los derechos humanos”.

