Todos contra el cólera
Señor director:
El cólera ha resucitado después de haber sido declarado muerto por el presidente de la República, dando crédito (se supone) al Ministro de Salud Pública. Su resurgir fue más vigoroso y abundante que en sus inicios cuando fue combatido en alianza multisectorial, sobre todo del Ministerio de Salud y el Colegio Médico, llevando en conjunto una exitosa estrategia de control curativa y preventiva. El cólera engañó a las autoridades, aceptó el acta de defunción, las autoridades se infatuaron de éxito y la bacteria los agarró asando batata.
Es obligación de las autoridades aprender la lección y mejorar o cambiar sus estrategias sobre un tema de salud y de vida como el cólera. Sin embargo, como es un problema de carácter humano, no es tiempo de vacilación sino de alianza y solidaridad de todos y todas, con aportes en toda su variedad para repeler hasta el final esta terrible enfermedad epidémica capaz de asesinar en masa a los más pobres.
Debemos asumir que el cólera no tiene color, bandera, ideología, idioma, y que puede sorprender accidentalmente a cualquiera, sabiendo, eso si, que a quienes afecta directamente es a los que el macrosistema ha enajenado de sus derechos sociales y económicos. Es oportuno que los grandes ricos que han hecho sonoros sus nombres vayan en auxilio de las localidades que los parieron, y con sus ideas y sus aportes ayuden a combatir la bacteria del cólera, que diezma, por demás, la economía que debe sustentarnos.
En la lucha contra el cólera caben los altos políticos y sus seguidores, los candidatos y precandidatos presidenciales, y que recuerden, los muertos no votan.
Que vayan a San Juan, a Santiago, a San Pedro de Macorís, a San Cristóbal, y a La Ciénaga, al Aguacate del Distrito Nacional y a la Provincia Santo Domingo. Y si por miedo a infectarse o por aparente vergüenza no quieren presentarse a los lugares afectados, que manden recursos y voluntad que den respuesta a pequeños y grandes problemas que son deudas acumuladas por los respectivos gobernantes que hemos tenido y la indiferencia de los ricos por la supervivencia de los más pobres.
Atentamente,
Lic. Santiago Martínez
Santo Domingo

