Carta pastoral de enero de 1960 y sus implicaciones



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En una conferencia magistral pronunciada en el auditorio del Archivo General de la Nación, el pasado 23 de enero, el historiador y sociólogo Reynaldo Espinal Núñez, logra ponderar en su correcta trascendencia, los elementos nodales de la Carta Pastoral de la Conferencia del Episcopado Dominicano del 31 de enero de 1960, denuncia inusitada de la Iglesia Católica, de los atropellos, vejámenes, torturas, presidios y desapariciones, hórrido catálogo de excesos, en el tramo final agónico de la tiranía del generalísimo Rafael Leónidas Trujillo, que ahogó la disidencia dominicana por 31 años (1930-1961).

El autor de ese trabajo, recuerda el silencio pedestre que podía tocarse por su densidad, vivido por la sociedad dominicana cuando éramos menos de tres millones, en mi amada patria chica de Santiago de los Caballeros, 60 mil munícipes, al conocerse la Carta Pastoral, que reproduzco íntegra, pronunciada en todos los púlpitos de feligresía católica.

Dedico este trabajo con especial reconocimiento, admiración y respeto a fray Vicente Rubio Sánchez, por su rol protagónico en la redacción de la histórica Carta Pastoral, no monseñor Juan Félix Pepén Solimán, conforme se afirmó errado en principio.

Fray Vicente Rubio Sánchez, Béjar, Salamanca, España, 1923, hijo de los esposos Constantino Rubio y Baltazara Sánchez, inicia estudios religiosos en el Monasterio San Esteban, a los 18 años, recibiéndose sacerdote en la Orden de los Predicadores Dominicos, ingresando a Ciudad Trujillo en vuelo de Iberia desde Madrid por el aeropuerto internacional General Andrews, en 1954, recibido por los sacerdotes Remberto Cruz y Zenón Castillo de Aza.

Graduado doctor en Filosofía de nuestra UASD, 1956. Párroco Iglesia Santo Tomás de Aquino. Propició la fundación de la PUCMM y el Colegio Calasanz, impartiendo docencia en la Escuela de Varones del Seminario Mayor Santo Tomás de Aquino, y UASD.

La Fundación García Arévalo, que orienta el historiador y empresario Manuel García Arévalo, publicó un volumen intitulado Indigenismo pasado y presente, colección de artículos publicados por fray Vicente Rubio en el diario El Caribe.

El destacado religioso, filósofo e historiador, redactor de la Carta Pastoral del Episcopado falleció en Villava, Navarra, España, el 6 de enero de 2006, a los 83 años, de Alzheimer.

Las cenizas mortales de fray Vicente Rubio fueron traídas desde su inicial reposo en España a Santo Domingo, y colocadas en la iglesia del Convento de los Dominicos en la calle Padre Billini, el 6 de enero de 2018, donde reposan, lámpara votiva de inextinguible recuerdo y gratitud de la feligresía católica y del pueblo dominicano.

Reynaldo Espinal Núñez, en su magistral conferencia detallando las minucias e intersticios inéditos de la Carta Pastoral de la Conferencia del Episcopado Dominicano, acucioso trabajo de investigación que logra, luego de seis meses hurgando, los recovecos dispersos de los pormenores que estructuraron su motivación y contenido, nos edifica e ilustra las minucias y motivaciones que condujeron a la cúpula de la Iglesia Católica a redactar el trascendente e histórico documento, que sacudió los cimientos de la vetusta tiranía.

Documento, aún no ponderado en su exacta dimensión histórica, estimo el primer motivo que trastornó los andamios psicológicos del generalísimo Trujillo, al comprobar que su estrecha vinculación con la Iglesia Católica, que permaneció granítica por tres décadas, de pronto se resquebrajaba, símil de un taraqueo que derribara todos los iconos de los altares, quedando en shock, monitoreando RD$26 millones aportados en obras a la Iglesia Católica en 30 años, auto cuestionándose: ¿Ingratitud? ¿Oportunismo? ¿Indeclinable deber religioso? ¿Premonición y sentencia de mi final?

El segundo trauma del generalísimo Trujillo lo sufrió cuando identifica que su amado primogénito Ramfis, en quien cifró la quimera dinástica, carecía de condiciones de militar y de político.

El tercer trauma final del generalísimo lo produjo la gran conspiración de enero 1960, cerciorándose que gran proporción de sus integrantes resultaban hijos de sus más señalados colaboradores, surgiendo una interrogante infinita en lo recóndito de su conciencia, que le martillaba, recriminándole e interrogándole: ¿Qué he hecho?
O mejor: ¿Qué no he hecho?

La Carta Pastoral de 1960 responde los interrogantes cuellos de cisne del peliagudo, decisivo y tenebroso momento histórico que padecía la sociedad dominicana en enero 1960, generado por el lúgubre catálogo de excesos represivos de la tiranía, que Reynaldo Espinal Núñez desglosa pormenorizado y profundo, con el escalpelo de su admirable formación intelectual, insertando en una enjundiosa conferencia, intersticios inéditos de la Carta Pastoral de la Iglesia Católica del 31 de enero de 1960, el arbitrio estelar de Juan XXIII, el Papa Buono, diseñador del vuelco conceptual de la Iglesia Católica ante el generalísimo Trujillo, buril luminoso que esculpió y sentenció su final, con la secundación valiente e invaluable del Nuncio Salvatore Siino.