El derecho a la fe
Señor director:
David, Gedeón, Samuel, Sansón, para no mencionar a Isaac, Abraham y a Salomón, pueden ser cualquier nombre de personas. Pero en la Biblia han sido grandes creyentes en Dios, en Jehová, y son considerados héroes de la fe.
Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados. (Hebreos 11:37)
Y todo eso ocurría porque el mundo no era digno de los testimonios que esos creyentes tenían. Por eso, tenían que errar por los desiertos, por los montes, por las cuevas y hasta por las cavernas de la tierra. (Hebreos 11:38)
Dos mil anos después de la muerte de Jesucristo, el ser convertido al evangelio es considerado fanatismo; el considerar a Jesús como el salvador de las almas, y el único que ofrece la vida eterna, es objeto de burla y también de vituperios.
Solo faltarían los azotes, y el tener que esconderse en las cuevas y en las cavernas para imitar y ubicarse en los dos siglos anteriores. Y de seguir los comentarios de algunos cronistas radiales, puede que no tome mucho tiempo para que eso ocurra en los creyentes.
El presidente Leonel Fernández, tiene méritos y cualidades, pero uno de los que resalta es su apego a la libertad de opinión. Y el artículo 8 de la nueva Constitución consagra: la libertad de conciencia y de cultos, con sujeción al orden público y respecto a las buenas costumbres, aprobada durante su gestión, no en otra.
El tener fe en Dios y seguir a Jesucristo es un derecho constitucional. Y tienen ese mismo derecho, aquéllos que no lo creen así. Pero Jesucristo es el único que permite el conocimiento de la verdad, es el camino para llegar al Padre.
Es mi fe; es la única que considero verdadera; es mi creencia y hay que respetarla.
Respeto a los que creen en las santerías o en otros ídolos. Es mi opinión que creer en personajes que no sea Jesucristo como el medio para llegar al Padre, no es la fe verdadera, y su falta, puede atraer males, tormentos y dificultades a las personas, y a los pueblos. Respeto a quienes creen otra cosa (hasta los demonios tienen su fe).
La fe en Jesucristo llena a la persona de gozo, paz, amor; bondad; no hay ni puede haber ofensas en los pensamientos de un cristiano; ser de Cristo es servir al prójimo, sin chismes ni contiendas.
Atentamente,
Héctor Galván
Santo Domingo

