Opinión

Cartas de los lectores

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Salario mínimo

Señor director:

 Henry Ford, en medio de su pobreza natal, era reconocido por sus ideas geniales y aún por sus inventos como la producción de automóviles en cadena.

Pero la decisión que le ganó el antagonismo de sus competidores de la empresa automotriz fue el alza general del salario de sus empresas.

Cuando sus competidores y toda la prensa irrumpió contra esa “loca” medida, Ford respondió: “Lo que yo quiero es que todos mis obreros me compren un Ford”.

Llamado el “Marx” del Capitalismo, Ford  “inventó,” y realizó como práctica vital, el concepto de la “capacidad adquisitiva” del salario aumentado.

El aumento general de salarios daña la economía  tanto o mas que la reducción general de salarios. Pero, un incremento moderado y oportuno de los salarios aumenta la demanda general y, por consiguiente, estimula la producción  y la comercialización de bienes  aptos para satisfacer la demanda aumentada. Y así, mueve  toda la economía.

El salario mínimo se inventó para detener el brazo de aquellos empresarios que deprimían el valor del trabajo rústico o menos productivo.

El concepto del salario mínimo, tal y como se aplica hoy en día, puede llegar a ser la guillotina de la tranquilidad obrera o de su seguridad familiar o de la adecuada educación de sus hijos.

Cuando uno reflexiona y se pregunta qué puede significar la suma de RD$7,360.00, para una familia promedio en los gastos del mes, dada la actual estructura de precios de los bienes de consumo necesarios, uno se queda sin palabras en los labios y solo intenta cerrarlos con un zipper oportuno.

 La situación de las familias de empleados y obreros se torna sin esperanza de mejoría cuando los dirigentes sindicales son “simpáticos” al gobierno o al empresariado porque se debilitan y poco pueden hacer.

Y, peor aún, los “confrontadores”, porque su gritería, desafueros y “zapatazos” repito, vuelven a la opinión publica contra sus reclamos, aun válidos.

No, a las huelgas, sobre todo, generales por dañinas y destructivas hasta el punto que engendran temor en la población.

Sí al diálogo constructivo.

Que la conmemoración de la natividad del Niño Dios,   nos ayude a reflexionar sobre el tema señalado. Es mi mensaje de Navidad y Año Nuevo.

Complacida la competente y dedicada doctora María Isabel Lapayese.

Atentamente,

Lic. Francisco Dorta-Duque

Santo Domingo

El Nacional

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