Ataques injustos
Señor director:
¿Cuándo apostar a un país se convierte más que en pecado, en un delito? Esa es la pregunta que sin dudas se hacen hoy los ejecutivos de Dream Corporation, quienes tras invertir millones en República Dominicana, son víctimas de feroces ataques por personas y empresas que ejercen la valentía, escudándose en medios de comunicación y anotaciones apócrifas, para difundir su errada y dañina visión.
El error de estos empresarios canadienses ha sido ver en esta media isla la posibilidad de desarrollar proyectos tan impactantes que hoy día permiten que más de 5,000 personas tengan empleos dignos.
El error de estos inversionistas ha sido confiar en las leyes y la seguridad jurídica del país, pagar de manera religiosa al fisco y cumplir las normas a carta cabal.
El gobierno dominicano no puede callar ante esta situación, no debe permitir que inversionistas que sin miramientos apuestan al país, sigan siendo víctimas de una implacable campaña que no tiene otro objetivo que no sea el de ahuyentarlos para que dejen el espacio que hoy muy bien ocupan, a personeros que, teniendo como único aval la complicidad de sectores influyentes, utilizan las más bajas artimañas.
Trabajar duramente y apostar al crecimiento sostenido del país es la apuesta de empresarios extranjeros y criollos; ese tipo de inversionistas deben ser preservados a toda costa y más ahora en que todo, absolutamente todo, está globalizado.
La autoridad, además de cobrar impuestos y fiscalizar, debe garantizar la sana competencia. No se puede permitir el asesinato de reputaciones porque a uno u otro sector se les ha pegado la gana; la ley de la selva debe dejarse atrás de manera definitiva o en caso contrario el camino del progreso será tan empinado y pedregoso que se tornará insostenible, condenado al país a un callejón trasero y mal oliente en vez de la sala de un hogar grande y luminoso que pertenece y al que tienen acceso todos.
Es hora de hacer algo señores del gobierno, después podría no haber manera de recuperar el tiempo perdido.
Atentamente,
Alexander González

