Los agentes y la ley
Señor director:
Dice el rumor público que los sucesivos jefes de la Autoridad Metropolitana de Transporte, Amet, asignan a los agentes de esa institución una determinada cantidad de infracciones diarias o semanales, que deben ser cumplidas en la tarea de controlar el tránsito de vehículos.
Aunque lo nieguen, parece cierto, y estoy convencido de que es así.
En abril pasado, mientras yo transitaba por la Leopoldo Navarro, del sector Miraflores, la irracionalidad se apoderó del agente de Amet B/O Matos Castillo, el número 1545, quien, enérgico y airoso arguyó la obligación de multarme porque me faltaba el espejo izquierdo externo y tenía que cumplir órdenes y aplicar la Ley 241.
En un solo día los motoristas me habían arrancado sendos espejos, quedando uno de ellos totalmente deteriorado. En vano le presenté mis explicaciones, y le dije lo ocurrido y que iba hacia la calle 20 a comprarlo. Es que esas órdenes arbitrarias y recaudadoras de dinero tienen como víctimas preferidas a los conductores privados decentes, sin nombre, cargo ni rango sonoro.
Esos loros son ciegos intencionales. No ven los vehículos pesados que tienen licencia hasta para matar.
Los autobuses llamados guaguas voladoras y los carros del concho, personifican el caos y la violencia. Son, en sí mismos, el terror.
A esos, los agentes de Amet les temen, porque entre sus jefes los hay delincuentes certificados. Muchos de sus vehículos no conservan ni una mica, transitan en vía contraria con tranquilidad y confianza. Los motociclistas apoyados por Amet cruzan los semáforos en rojo. Ciertos agentes de Amet son cómplices de los paleros que acechan a los choferes carentes de rutas o que se desplazan fuera de ellas y les sacan los pasajeros, agraden los conductores y les maltratan sus vehículos.
Son los mismos que se esconden a acechar a los conductores en vez de estar visibles y orientarlos como la gente,
El propósito de Amet es la multa para aumentar los fondos del Estado. Deberían saber que ellos son seres humanos no infalibles, que no deben maltratar a la población sana y decente. Que esos puestos son transitorios, y, sobre todo, que la ley se aplica con equidad y con derecho razonable.
Atentamente,
Lic. Santiago Martínez
Santo Domingo

