Dios y la vida
Señor director:
Los filósofos dicen que los seres humanos sólo planteamos problemas que podemos resolver. Si podemos preguntar, entonces podemos buscar respuesta. El sentido de la vida, por ejemplo, hay que buscarlo en la Palabra de Dios, que revela los misterios de la vida y nos explica por qué hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios.
El Génesis dice que Dios creó al hombre en el sexto día para dominar la Tierra y crecer y multiplicarse (Génesis 1:28). Dios colocó al hombre y la mujer en el Jardín del Edén para cuidarlo. Según la interpretación contemporánea, eso significaría que el ser humano es el guardián del planeta. ¿Por qué la naturaleza necesita un cuidador y de qué manera esto podría darle un significado último a la presencia del hombre sobre la tierra?
Con frecuencia el sacerdote dice que estamos aquí para cumplir la voluntad de Dios. Si así fuera nuestras vidas tendrían un propósito para el ser que nos creó, pero no un propósito para nosotros. Pensemos ¿Qué es mejor, tener un papel predeterminado en el universo o ser libres para crear nosotros mismos nuestro papel en él? Una mejor respuesta la encontramos en la palabra de Cristo, aunque no muy alumbradora: He venido para que ellos puedan tener vida y puedan tenerla plenamente (Evangelio, Juan 10:10) ¿Quién no estaría de acuerdo con esto?
Una vida vivida plenamente, según los creyentes, es la que sigue las enseñanzas de los textos sagrados ¿Cuál de ellas? ¿Todas o sólo algunas? Cuando un hombre injuria a su padre y a su madre debe ser condenado a muerte (Levítico 20:9) A excepción de algunos fundamentalistas, la mayoría de los creyentes no va a seguir esta norma. Sólo siguen las enseñanzas del texto sagrado si ellas promueven una mejor vida para todos. Las enseñanzas demasiado incómodas simplemente se ignoran.
Y ahí comenzamos a fallarle a Dios, al Dios que nos creó y nos dio vida, pero nos dio también las normas esenciales para vivirla.
El problema con esta aproximación, para decir lo menos, es que cuando elegimos los textos sagrados de acuerdo a nuestras propias normas estos dejan de ser una guía para nosotros y se convierten en simple material teórico.
¿Somos ateos en la práctica? Ojalá pensemos sobre esto.
Atentamente,
Ligia Soler.
Santo Domingo.

