¿Y el Seguro?
Es encomiable la prontitud de las autoridades de la Secretaría de Educación con el fraude de las Pruebas Nacionales de Educación Media, y mueve a suspicacia que no exhiban la misma prisa con quienes dilapidaron recursos en el Seguro Médicos de los Maestros (Semma), en detrimento de la calidad de los servicios de salud. Demasiado largas le han dado.
Si no actúan, aumentará la desconfianza. Entre los educadores se dice que hay autoridades y dirigentes de ADP protegiendo a algunos de los involucrados, y eso es creíble, porque con frecuencia aluden el desorden del Semma, pero no mencionan a los jefes, quienes, por razones obvias, deberían ser investigados.
A los maestros que se quejan de la actitud asumida por la ADP, frente al caso Semma, les digo, que tendremos 3 años muertos, porque el vocero se comporta como los Cristianos de la Secreta, que predican y no practican.
Los afiliados tenemos que estar preparados para lo peor, pues, según María Teresa Cabrera, ex presidenta de ADP, Plan Semma plantea merma inversión de salud.
Esa denuncia genera irritación, porque es fácil intuir que los sancionados seremos quienes no somos partes del desorden. A las autoridades renuentes a sancionar a los suyos les encajan: El mal no es erradicable, pero sí pueden ser erradicados los malos y Quien no sanciona el mal, manda a que se haga.
Ojalá los funcionarios de la SEE que sancionaron a los deshonestos de Pruebas Nacionales, hagan lo mismo con los del Seguro Médico, gerentes que se entienden dueños y hacen con el dinero lo que les da gana.
Por eso no hay para arreglar los equipos dañados y para pagarles salarios justos a los médicos y una parte de los administrativos, que son los que tienen parado el Semma. Según dicen, hay una élite en la oficina central con sueldos lujosísimos y hasta algunos mensajeros ganan más que los médicos, y si es así, no extrañan las renuncias de la jefa de Gastroenterología, doctora Carmen Caraballo y la jefa de Endocrinología, la doctora Carmen Santana, y vendrán más, por culpa de pésimos gerentes, que ignoran que los galenos virtuosos y los buenos equipos son los que prestigian los centros de salud.
Aprovecho, para felicitar a los maestros, máxime a todos aquellos que aquí son paradigmas y héroes anónimos, pues sin importar lugar, carencias y malquerencias, guían a los estudiantes por senderos luminosos.
Atentamente,
Teresa Gómez
Santo Domingo
