Las fronteras
Señor director:
La tierra desde el espacio nos deja ver toda su belleza, pero no sus fronteras. No recuerdo dónde lo leí ni quién lo dijo. ¡Qué más da! He pasado la vida leyendo y recordando autores, sucesos, fechas históricas, y no sé cuántas pendejadas más y en este primer mundo globalizado, de libertad, igualdad y fraternidad, todas esos pequeños detalles, no valen ni para echárselos a los cerdos.
Tengo títulos y cursos, pero para homologarlos hay que demostrar que proceden del Cielo y superar a Job en paciencia, pues cuando el ministerio lo reconozca, probablemente, ya no podré dejar ver mi buena presencia, pues me colgarán las arrugas, tendré más jorobas que un camello y habré agotado todos los tintes de pelo para cubrirme las canas… ¿Y conseguir un empleo? ¡Uf, ni con la recomendación de la Real familia! No aparece ni en el diccionario, mucho menos si el acento es latinoamericano ¿Y no que la Tierra era de todos? ¿Y lo de amar al prójimo y otras mentiras?
Por estos lares todos parecen ciegos, porque a pesar de la abigarrada variedad de piel de los inmigrantes, nadie mueve la mirada para hacernos entender que nos ven. Pero si la ceguera es proverbial, la sordera habita en la mayoría de los oídos. ¿O también serán mudos y no son capaces de contestar un simple saludo? ¡Y tanto que mi mamá decía de conservar las buenas formas y la cortesía!
¿Quién te ha mandado a buscar y salir de tu país?
Pues les diré que el amor Sí, hombre, el amor y no en el tiempo del cólera. Sino en épocas de guerras desmentidas y equidades renombradas (pero no reconocidas). El amor vestido de hombre, habitando en una parte del planeta llamada España, españolito como la canción de Serrat, batiendo banderas de esperanzas, llamándome para cultivar horizontes y hacerme ver la luna de Castilla y cruzar como damisela contemporánea mares y continentes Pero a nadie le importa que todavía quedemos ingenuas hadas encantadas (perdimos las capacidades encantadoras entre burocracias y ausencia de duendes).
¿Que de qué me quejo, carajo? ¿De la exclusión, de las miserias, de la xenofobia o de la desvergüenza o porque los mismos de siempre se inventaron las fronteras? No me quejo de nada. ¿De nada? Pero, si los perros ladran, Sancho, es señal de que avanzamos.
Atentamente,
Rosanna Salazar
Valladolid, España

