Más sobre el PRSC
Señor director:
Pocos dudan que el doctor Joaquín Balaguer, que era un socialista moderado y asumió por ello el asistencialismo, al fundar Acción Social y más tarde el Partido Reformista, intentó crear una organización política que le sucediera después de muerto.
La mayoría opina que ciertamente no aspiraba a la posteridad de su partido.
Por eso frustró en 1986 las legítimas aspiraciones de Fernando Álvarez Bogaert, quien poseía un cabal conocimiento, comité por comité, seccional por seccional, del Reformista en todo el país, y poseía la inteligencia y el dinamismo para recrear el partido. Y, además, el carisma político.
Otra instancia notable del afán de Balaguer se plasmó cuando anciano, enfermo y ciego, aspiró a la presidencia en el año 2000.
Personalmente, en una de mis últimas visitas al docto amigo, porque nunca he pertenecido a ningún partido político, gusté de referirle que en la sala había un joven de New York que vino a proponerle una nueva campaña presidencial.
Ante este comentario, el líder respondió con una inefable sonrisa de satisfacción y esperanza.
Pero cuando, por sólo una instancia, y por cualquier motivo, se desplaza uno por cualquiera amplia avenida o una angosta calle, puede ver los edificios multifamiliares, que fueron sólo parte de la ingente obra del Presidente Balaguer, habitados presumiblemente por estrenuos seguidores del anciano líder, y recuerda el motín popular que, frenético, secuestró el féretro con su cadáver hasta reverenciarlo por los barrios de la parte alta de la ciiudad capital.
¿Qué se ha hecho tanto reformismo?
Esas familias, balagueristas por antonomasia y también por vocación, deben constituir las bases organizadas del PRSC.
Y se pregunta uno, ¿cómo los dirigentes sucesores del reformismo no han sido capaces de aunar las voluntades de tantos miles y miles seguidores del líder hasta jugar un papel, si no victorioso, al menos decente, en los últimos comicios electorales?
Los intereses encontrados, las ambiciones estériles, los conciliábulos, los frustradores aposentos, defraudan la grey y afuerean la multitud.
Y la multitud organizada y proselitista es, en definitiva, quien gana las elecciones, ¡ojo, Carlos!
Atentamente,
Lic. Francisco Dorta-Duque
Santo Domingo

