Opinión

Cartas de los lectores

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Enfoque semanal

Señor director:

Las últimas cifras dadas a conocer por el Instituto Nacional de Ciencias Forenses sobre la violencia en el país, correspondientes al pasado agosto, son preocupantes.

El hecho de que de un total de 170 personas fallecidas, 87 de ellas fueran víctimas de la violencia en sus distintas vertientes, 21 víctimas de accidentes, la mayoría de ellos provocados por vehículos de motor, además de trece suicidios, son una indicación bien clara de lo que aquí decimos.

De acuerdo con dicha dependencia estatal, de los 87 fallecidos violentamente, 67 cayeron víctimas de disparos hechos con armas de fuego, 11 a cuchilladas y 7 resultaron abatidos por traumatismos, es decir, golpes propinados con palos, piedras u otros objetos contundentes, mientras que entre los que dispusieron por su propia mano de su existencia, 6 lo hicieron mediante ahorcamiento y tres por disparos.

Entre las víctimas, 134 eran dominicanos, 25 extranjeros, haitianos en su mayoría, y once de nacionalidad desconocida.

La violencia no es exclusiva de la República Dominicana. Pero, como indica el viejo refrán, mal de muchos es consuelo de tontos, por lo cual no debemos caer en la tentación de señalar que somos un país de menores niveles de criminalidad que otros latinoamericanos, o los propios Estados Unidos.

Bien podrían nuestras organizaciones sociales más representativas,  embarcarse e una campaña de concientización en pro del respeto a la vida.

Algunos han tratado de explicar el auge de la tasa de homicidios, por un lado en la lenidad con que muchos de nuestros tribunales tratan a homicidas de toda calaña, lo que ha dado lugar al surgimiento de los linchamientos, perniciosa práctica antisocial que no debe permitirse, así como al ejercicio de la venganza o justicia por propia mano.

Si proyectamos la violencia criminal del mes de Agosto, a todo el año 2010, tendríamos que más de mil homicidios, suicidios, accidentes diversos y otras calamidades, llevarán el luto y el dolor a los hogares dominicanos, lo que resulta más que preocupante.

 No podemos cerrar los ojos ante la realidad, pero tampoco debemos resignarnos haciendo como el avestruz, que  entierra la cabeza ante el peligro.

 Abogar por una sociedad menos violenta, es algo que nos compete a todos, empezando por los medios de comunicación social.

Atentamente,

Julio César Jerez Whisky

Santo Domingo

El Nacional

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