Enfoque semanal
Señor director:
El sepelio del expresidente Salvador Jorge Blanco el pasado martes, fue una sentida manifestación de duelo y puso de relieve las prendas morales y políticas que adornaban a este abogado nativo de Santiago, quién además fue senador de la República.
Hijo del modesto industrial Pedro María Jorge Arias, quién tenía una pequeña fábrica de refrescos y licores en la calle 16 de Agosto de esa ciudad, murió en la madrugada del domingo 26 de diciembre, tras permanecer 37 días en estado de coma profundo, víctima de un accidente cerebro vascular sufrido al caer de sus pies en su residencia del ensanche Naco en esta capital.
A Jorge Blanco, quién agotó su período constitucional entre 1982 y 1986, se le tributaron homenajes póstumos en su partido, el Revolucionario Dominicano, del que fuera presidente, así como en el Congreso y en el Palacio Nacional.
En la casa de gobierno y en presencia de miembros del cuerpo diplomático, y del gabinete en pleno, el presidente Leonel Fernández produjo una oración fúnebre, en la que destacó los aportes que a la consolidación de nuestras instituciones democráticas hizo el ex mandatario.
Demostrando la generosidad de su espíritu, Fernández dijo que, al margen de las polémicas históricas y de las disputas políticas, el Gobierno y el pueblo dominicano rendían tributo a la vida de su hombre que desempeñó un papel enaltecedor en la construcción de un país democrático, libre y justo.
Citando la frase del filósofo romano Terencio, de que como hombre, nada humano le era ajeno, podemos decir que el ex mandatario tuvo errores y aciertos, y entre los primeros podemos citar que podemos la represión ordenada a raíz de las protestas populares del 24 de abril de 1984, luego de que su gobierno firmara un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que significó un drástico aumento de precios en varios artículos esenciales de la dieta diaria, y entre los segundos la Ley de Amnistía, al iniciar su labor como senador en 1978.
El paso del tiempo, maestro de la vida y de la historia, coloca las cosas en su justo lugar y finalmente sobre la memoria de los seres humanos pervivirán siempre sus buenas acciones, como de seguro será en el caso del doctor Salvador Jorge Blanco.
Descanse en paz el distinguido hombre público.
Atentamente,
Julio César Jerez Whisky
Santo Domingo

