Opinión

CARTAS DE LOS LECTORES

CARTAS DE LOS LECTORES

Gran negocio

 Señor director:

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos de la Provincia de El Seibo exige de la Procuraduría General de la República  desmantelar la estructura mafiosa existente en la Cárcel Pública de El Seibo, la cual es tierra de nadie y el dinero es el que manda. No se trata solo de la vulgaridad y depravamiento ocurrido recientemente al ser violada una menor de edad por un interno luego de ser esta drogada.

Este Centro Carcelario se ha convertido en un gran negocio para los que tienen el control de la misma, el microtrafico luce ser un negocio normal, los internos que tienen teléfono celular deben pagar un peaje de 50 pesos semanal para permitirle su uso y los que poseen televisores deben pagar 150 pesos mensuales, entre otros beneficios que le reporta la cárcel a los que mandan en ella.

Las autoridades carcelarias no son ajenas a esta triste realidad de prostitución y corrupción en la cárcel pública de El Seibo, a todas luces la tolerancia le reporta beneficios compartidos. Esta cárcel pública perteneciente al viejo modelo se puede catalogar como un antro de corrupción de cuyas acciones delincuenciales y pecaminosas dentro del penal  por omisión e indiferencia sacan su partida las autoridades de la misma.

La Cárcel de El Seibo fue diseñada para albergar 300 personas y en la actualidad tiene 850 personas guardando prisión, unido a la gran promiscuidad existente  ante la carencia de instalaciones sanitarias adecuadas y problemas de desagües de aguas negra.

Atentamente,

Lic. José Guzmán.

Presidente CNDH Provincia

El Seibo.

El desafío 

 Señor director:

Nos han tocado tiempos muy difíciles a los nacidos después del 60.  Somos una  generación que ha  sufrido las consecuencias de dos cambios de paradigmas o transformación del modelo de generación de riqueza simultáneamente; el de la Revolución Industrial  y  la Revolución del Conocimiento.

Lo grave es las transformaciones que estos  cambios de paradigmas han traído consigo. Es ver derrumbarse instituciones y modelos; económicos, religiosos, culturales, productivos, que habían permanecido siendo columnas que sustentaban el edificio social, a pasar a no ser nada, y sin nadie advertirnos a tiempo.

Es como que el tren ya no se detiene  donde paraba antes. Pero nadie nos ha dicho, que iba a cambiar o por donde es que pasa ahora. 

Hemos pasado de manufacturar a mente-facturar. Del nacionalismo a la globalización.

Atentamente,

 Milton Olivo.

El Nacional

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