Opinión

Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

A Oquendo Medina

Señor director:

       Cada quien que escribe tiene su estilo y su sello de distinción personal, que poco tiene que ver con la veracidad y calidad del contenido que sustenta. Un periódico, éste por ejemplo, el usuario lo lee completo para conocer su contenido. Admiro el estilo y el sello de distinción del licenciado Oquendo Medina, y de seguro que tiene muchos lectores.

      Su  columna del pasado 18 de julio, con cuyos planteamientos me identifico, me estimuló a aludirlo, y a retrotraer y comparar su papel superfluo, negligente y de cómodo precio cuando fue director de la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía, y no dejó recuerdos de interés futuro. Mi intento de evaluador novato, me arroja como resultado que Oquendo Medina es excelente escribiendo pero fue flojo y complaciente con sectores de poder en aquel puesto.

      Su gestión abonó los desafueros que hoy desbordan negativamente los espectáculos públicos, la televisión y la radiofonía en término moral, ético y  buenas costumbres, con incidencia en la violencia, la irracionalidad y la inobservancia de una cultura de paz que ahora él critica. 

Se queja del pensamiento y actuación de muchos hombres,  los embarazos de adolescentes, y reprueba los machos que maltratan y hasta matan a sus parejas, en obvia referencia a la violencia de género y los feminicidios, a la vez que cuestiona la ley 136-03 y su  aplicación, responsabilizándonos a todos de esta descomposición social, talvez motivado e indignado igual que nosotros, por el asesinato, en Tamboril, de Iliana, que con 12 años de edad ya compartía como mujer de su verdugo estrangulador de 18 años, quien se ahorcó.

      Él  invita a las autoridades a someter a la obediencia a los ciudadanos libertinos, anárquicos e irrespetuosos de las leyes pero no explica por qué no actuó de tal forma cuando fue funcionario público. Exime al gobierno de responsabilidad directa de estos hechos pero no advierte que el gobierno carece de planes y programas masivos de prevención, y que en él recae buena parte de la responsabilidad de este grande mal.

      Lastima que la aludida comisión sigue siendo un fiasco, pues la radio y la televisión continúan siendo, en parte, un efectivo recurso didáctico de enseñanza negativa a los espectadores, especialmente para la niñez y la adolescencia.  

Atentamente,

       Lic. Santiago Martínez

Santo Domingo

El Nacional

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