Haití y sus desventuras
Señor director:
Estas tierras albergan a un pueblo sufrido y pobre.
Aquí habitan más de 9 millones de personas, apiladas en una parte pequeña de su territorio, con un 60% de desempleados, un 41% de analfabetos y con el 70% de la población viviendo en pobreza, que apenas subsiste con menos de un dólar por día.
Eso es Haití, donde la desnutrición afecta al 47% de la población, el 76% de los habitantes no tiene acceso a la salud y donde 74 de cada 1000 niños nacidos, mueren antes del primer año vida.
Pero Haití es también la más funesta y encarnizada consecuencia del pillaje político y de las mafias militares y oligárquicas que, en confabulación con la corrupción y el narcotráfico, han sangrado su historia y colocado la Nación en el trayecto de sus intereses particulares y de clase.
Es la historia viva de la vigencia en el tiempo de dictadores y gorilas, donde los escasos ejercicios de democracia han sucumbido a los golpes militares, a las conspiraciones orquestadas por crápulas políticas que han hecho de este país, su trampolín para cuajar proyectos mafiosos que engordan a espalda de la miseria de un pueblo sin aparentes opciones de futuro.
Y como si esto resultare poco, la tragedia del pueblo se multiplica bajo los efectos aterradores de un devastador terremoto de 7.3 grados.
Estas tierras de historias cargadas de injusticias y pesares, es ahora referente de un extenso cementerio donde los cadáveres reposan tirados en las aceras y centros de las vías pero a la vez, una fábrica de aullidos y lamentos que brotan de entre los escombros, de personas atrapadas, que se resisten a la muerte y que no pueden con sus laceraciones y sus penas.
Es la cara del terror, donde muertos todavía vivos sacan una mano, mueven una pierna o gritan aplastados . donde madres buscan enloquecidas a sus hijos y los niños mutilados, cargados de sangre y heridas, reflejan los signos inconfundibles del dolor.
En este cuadro dantesco, la impotencia de un pueblo tradicionalmente golpeado se convirtió en tragedia
Parecería que ya no es Haití. Que queda sólo un espacio asaltado por cadáveres, heridos y militados, una radiografía de angustia y desaliento, de gente que sobrevive presa de dolores, de sobrevivientes que tal vez alcancen nueva vez a contemplar la salida del Sol.
Atentamente,
Perfecto Martínez

