Es insólito que los medios de propaganda del imperio difundan la especie de que el gobierno de Ecuador es el responsable del intento de golpe de Estado en su contra, el pasado 30 de septiembre.
Estados Unidos se propone convencer de que la oligarquía hondureña y la Casa Blanca nada tienen que ver con el movimiento sedicioso contra el presidente Rafael Correa.
Pero es evidente que lo ocurrido en Ecuador, miembro del Alba y de Unasur, es la repetición a papel calcado del golpe de Estado contra Manuel Zelaya en Honduras, el 28 de junio de 2009.
Tendrán que corregir el método nueva vez, porque su asonada trucutulenta contra Correa no resultó como en Honduras, sino como en Venezuela contra el presidente Hugo Chávez, el 11 de abril de 2002.
El ingenio golpista del titiritero anda de mal en peor y sus manos un tanto temblorosas, pese a los esfuerzos operativos y los dólares de la NED y la USAID.
El ministro de Defensa de Ecuador, Javier Ponce, ya había denunciado en octubre de 2008 los aprestos conspirativos de EEUU, corrompiendo a las Fuerzas Armadas y la policía.
Explicaba que a través de la misión diplomática el imperio se dedicaba a ganarse la incondicionalidad de policías y militares para sus propósitos ofensivos.
Denunció entonces, cómo esos organismos mantienen una dependencia económica informal con Estados Unidos, para el pago de informantes, capacitación, equipamiento y operaciones.
Frente a todo eso, el pueblo y las Fuerzas Armadas han respondido con patriotismo, apoyando a su presidente, con lo que no contaban sus enemigos.
Tampoco tomaron en cuenta la firmeza del presidente Rafael Correa, quien ha dicho que se debe mirar adelante, pero sin olvidar el pasado; diciendo NO al perdón, al olvido y a la impunidad.

