Cátedra de civilidad



Al ministro de Interior y Policía no le corresponde abochornar a la población con la falsa acusación de que incurre en aberración y actitud agresiva contra el pueblo haitiano, porque su obligación es velar por la seguridad de los ciudadanos y del territorio nacional y no para ofrecer cátedra de civilidad.

El licenciado José Ramón Fadul afirma que “hay una actitud muy agresiva frente al pueblo haitiano”, cuestión que atribuye a las condiciones materiales de mayor pobreza de la nación vecina, lo que además de una falsedad se erige como una afrenta hacia los dominicanos.

La sociedad dominicana no tiene actitud agresiva contra sus vecinos. Si alguna irritación tiene obedece a la irresponsabilidad de las autoridades en aplicar debido control migratorio, tal cual lo dispone la ley, en absoluto respeto a los derechos de los afectados.

El señor Fadul debería saber que familias dominicanas y haitianas conviven sin mayores problemas en barrios, bateyes, zonas agrícolas o rurales, compartiendo miseria y marginalidad, sin que ocurran cotidianos brotes de agresividad contra esos migrantes o cualquier otra forma de aberración.

La discriminación tiene su origen en la pobreza y marginalidad a que son sometidos haitianos indocumentados por empleadores que actúan al amparo de la negligencia, indiferencia o complicidad de las autoridades.

El ministro de Interior no debería confundir la irritación colectiva por la descontrolada inmigración haitiana con formas de discriminación o agresividad, mucho menos llegar a la infeliz conclusión de que todo obedece a las condiciones materiales de mayor pobreza de Haití.

El pueblo dominicano ha sido, es y será solidario con los haitianos, razón por la cual siempre se reclama del Gobierno que exija en todos los foros internacionales que las grandes metrópolis y antiguos imperios coloniales acudan en ayuda de los vecinos.

El problema, señor ministro, no es de discriminación, aberración o agresividad de los dominicanos contra el pueblo haitiano, sino de irresponsabilidad, indiferencia, venalidad, y complicidad de la autoridad que no aplica control migratorio ni la ley laboral respecto a los extranjeros. Es obvio que la población dominicana no acepta la clasecita de civilidad que ofrece el licenciado Fadul.