SANTIAGO. El joven se trasladó a la capital y, en un intento por capturar la emisora Radio Uno, fue hecho preso junto a otros jóvenes
Con apenas 16 años de edad y sólo movido por su interés de hacer realidad su sueño de ver al país disfrutando de una efectiva libertad, José López (Che) decidió el 24 de abril de 1965 salir a escondidas del humilde hogar de sus padres en esta ciudad, para participar en la revuelta cívico-militar que buscaba el regreso a la constitucionalidad.
El ímpetu que provoca la juventud no le permitió visualizar con la suficiente claridad los resultados que esa temeraria decisión podía acarrearle para el resto de su vida, comenzando ahí un rosario de acontecimientos políticos que lo obligaron a ser huésped en distintas cárceles.
Hoy, con su salud minada por los años y las torturas de que fue víctima en los centros donde estuvo preso, fundamentalmente en lo que él denomina como 12 años de Gobierno de una dictadura ilustrada, Che López evoca esos eventos y no se arrepiente de haber sido actor de primer orden.
Y es que en los tres primeros períodos que gobernó Joaquín Balaguer el país (1966-78) fue hecho preso decenas de veces. Bastaba con que fuera asesinado un agente policial o militar para que él fuera detenido y torturado física y sicológicamente.
Desde entonces su vida no tuvo respiro y discurría entre las rejas y la clandestinidad lo que, lejos de obligarlo a echar a un lado sus convicciones revolucionarias aceró más sus ideas y solidificó su propósito de seguir luchando por una Patria más justa.
Apenas iniciando su vida como adolescente, Che López ya comenzaba a tejer en su imaginación la idea de participar en algún atentado contra el entonces dictador Rafael Trujillo Molina.

