¿Qué Pasa?

CINE Y SOCIEDAD

CINE Y SOCIEDAD

El llamado cine de arte es el que recibe los premios, aporta el glamour y el prestigio que verdaderamente vale su peso en oro al momento de sopesar la carrera de un actor o director. Sin embargo, es el llamado cine-franquicia, en ocasiones también denominado  con justicia y a veces sin ella, ‘cine chatarra’, el que invariablemente mantiene a la industria a flote.

Todo el mundo lo sabe, hoy más que nunca Hollywood vive el boom de las continuaciones. Año tras año, las películas en la que los grandes estudios Nortemaricanos ponen todas sus esperanzas de recaudación taquillera, son filmes que van ya por su segunda, tercera o cuarta versión. O en última instancia, en películas que son concebidas con el obvio propósito de emular a aquellas.

Todo ello, sin mencionar siquiera series interminables como las de James Bond –que sobrepasa ya los 20 capítulos–, ‘Viaje a la Estrellas’ –cuya cuenta ya hemos casi olvidado–; ‘Martes 13’ y ‘Halloween’ –de cuyos numeros no queremos acordarnos–; o  franquicias como ‘Star Wars’, ‘Batman’ o ‘Superman’ que en algún momento parecían haber concluido y de nuevo han sido reinventadas, dando inicio una y otra vez, como si de algo nuevo se tratara, a unas franquicias de por sí bastantes antiguas.

La pregunta obligada es, sin embargo, ¿cuándo comenzó este incesamente empeño de productores y estudios hollywoodenses por reinventar viejas películas, o por explotar de forma interminable exitos indiscutibles, y otros que no lo fueron tanto?

Aunque desde los años 30 se vienen haciendo continuaciones o secuelas, probablemente ninguna otra película influyó tanto en la instauración de este fenómeno en la cultura cinematográfica hollywoodense, como un patrón a seguir, como lo hizo ‘The Godfather Part II’ (1974) y luego ‘Aliens’ en 1986.

La segunda parte de ‘El Padrino’ demostró de forma fehaciente cómo una secuela podía ser económica y críticamente exitosa, superando incluso, en diversos aspectos, al primer capítulo de la serie. Probablemente esta fue la primera vez que sucedió algo semejante.

Sin embargo, fue la excitante y tensa versión de ‘Aliens’, de James Cameron, la que puso de manera definitiva las cosas en su lugar, al demostrar que cambiando el director y añadiendo nuevos guionistas se podía alterar significamente el tono y la textura visual de una película. El éxito fue indiscutible, y claro, una heroína con pocas ropas tuvo también su cuota de responsabilidad en ello.

El Nacional

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