El próximo 12 de agosto se conmemora el centenario del natalicio de Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes, mejor conocido en su país México, y alrededor del mundo como Cantinflas.
Como era de esperarse, tratándose de quien ha sido considerado como el mexicano más universal, la ocasión ha dado lugar al desarrollo de un amplio programa de actividades, que se iniciaron en la capital mexicana en junio pasado, e incluyen ciclos de cine, charlas, exposiciones, programas de radio y televisión, una retrospectiva sonora y hasta conciertos.
N acido el 12 de agosto de 1911, en su juventud Mario Moreno desempeñó los más disimiles oficios (bailarín, fotógrafo, cartero, torero, bombero, boxeador y hasta cantante), los cuales terminaron forjando su capacidad de histrión, y eventualmente la experiencia adquirida en escenarios callejeros y carpas circenses le permitieron aterrizar en el cine como comediante.
Sin embargo, aunque ganó un Globo de oro en 1957 por la película Around the World in 80 Days, Moreno nunca fue un actor de grandes condiciones. Creo eso sí, a Cantinflas el llamado peladito mexicano de aspecto andrajoso y deshilachado, pantalones de caderas caídas, y sombrero con doblez y ridículo bigote cuya sola presencia provocaba la risa.
El estilo humorístico de Cantinflas se caracterizaba por una verborrea disparatada e interminable, ex profeso carente de todo sentido, y por unos malabarismos lingüísticos y regionales que hacían las delicias del espectador hispano parlante, pero que eran imposibles de traducir a otros idiomas.
Aún así, con una gracia e ingenio sin igual, Cantinflas se las arregló no sólo para constituirse en el comediante de mayor éxito en la historia del cine mexicano, sino incluso para concitar el elogio del inmenso Charlie Chaplin.
Su humor picaresco, repentino e impredecible fue su marca de fábrica, pero a través de él supo elevar su voz en defensa de los desprotegidos y necesitados.
Cantinflas, quien inició su carrera a principios de los años 30, y fue un ícono de la llamada Época de Oro del cine mexicano durante los años 50, sigue hoy vivo con su hablar rebuscado e incongruente, en la memoria de mucha gente.
Su legado traspasó el arte y fue aceptado por la propia Real Academia Española que acuñó su nombre y sus derivados cantinflear, cantinflada, cantinflesco y cantinflero en el diccionario que publica la institución.
Entre sus más de 50 películas se incluyen Ahí Está el Detalle, La Vuelta al Mundo en 80 Días, El Siete Machos, El Padrecito y El Barrendero.

