Tuve la oportunidad de ver La Soga el viernes 10 de Septiembre, durante la presentación del film en el Providence Place Mall (Providence, Rhode Island), en la cual estuvo presente el actor dominicano Manny Pérez. La presentación fue sold out, y al final de la misma el actor Pérez estuvo, entusiasta y comunicativo, respondiendo preguntas de la concurrencia, en su gran mayoría por supuesto, dominicanos residentes en dicha ciudad. Conversé un par de minutos con Manny Pérez, pero debido a la gran cantidad de personas que esperaban para saludarlo o tomarse fotos con él, acordé con su asistente comunicarnos al día siguiente para una corta entrevista.
Tal encuentro, sin embargo, nunca tuvo efecto, puesto que nadie respondió o devolvió mis dos llamadas o mensajes. Pero no importa. Al final, lo que cuenta es el caballo, y no quien lo va montando. Vista desde un punto de vista económico, y tomando en cuenta que Pérez escribió también el guión, La Soga representa un triunfo indiscutible para él. De una u otra forma la gente se ha identificado con este asesino a sueldo que encuentra en la corrupción policial el camino para perpetrar la venganza que lo calcina.
La realidad es que la gente se ha volcado hacia los cines aquí, en New York o en Providence cautivados por el carisma que irradia Manny Pérez. El es un buen actor, a quien nos gustaría ver en papeles de mayor envergadura y relieve, y aún en esta pequeña e independiente película lograr ponerlo de manifiesto, con una caracterización intensa y convincente.
Donde el film falla, además de insistir en un romance forzado y carente de química, es el manejo de la elipsis: la transición del Luisito niño al adulto es brusca, algo confusa y torpe.
El director Josh Crook abusa, además del flashbacks de tal forma que llega a exasperar al espectador, al utilizar un montaje paralelo sobrepoblado de imágenes de cerdos. Símbolo y reflejo de su niñez como hijo de un carnicero, de su reticencia y posterior iniciación y desarrollo en el oficio. Ahora bien, lo que hace al film entretenido no es solo la sólida presencia de Pérez, sino sobre todo el elevado sentido de thriller, con un apreciable nivel de suspenso, y el efectivo pulso narrativo del director Crook, que hace incluso obviar la duración de la película (1:42 minutos), y uno que otro gazapos en la edición.

