Un matrimonio al borde del colapso y dos niños que hacen causa común contra el acoso y la intimidación en la escuela.
De aquí parte la directora danés Susanne Bier para construir una historia, de tono árido y angustiante, que apunta mucho más allá en la condición humana, e intenta dar respuesta a inquietudes morales que reflejan cómo nos afecta la violencia o cómo reaccionamos ante ella.
El contexto narrativo corresponde al film ganador del Oscar como Mejor Película en Idioma Extranjero en 2010, In A Better Word, y en ella la violencia es el denominador común. Al final, este es al mismo tiempo, y de forma irónica, el elemento catalizador que posibilita sanar algunas heridas.
Christian, un niño de unos 13 años de edad (magnifica actuación de William Jøhnk Nielsen), acaba de perder a su madre, victima de cáncer. El hecho lo ha transformado en un niño tosco y amargado. El vive con su padre, pero su comunicación con éste, a quien culpa de la tragedia, es casi nula.
Así que cuando es testigo del hostigamiento y burlas al que es sometido Elias (notable también Markus Rygaard), un niño de su clase en su nueva escuela, su resentimiento encuentra una vía de escape, y se torna entonces, violento.
Elias, por su parte, es un niño muy diferente. Aunque tímido, pero alegre proviene de igual modo, de un hogar casi destruido. Su madre (estupenda actuación de Trine Dyrholm) es una doctora y su padre también un médico (Mikael Persbrandt), que divide su tiempo entre su hogar en Dinamarca y su misión humanitaria en África. Allí las precariedades, el polvo y la violencia van a la par.
In A Better World es narrado a dos tiempos. En él hay dos historias paralelas, muy distintas y que nunca se juntan, entrelazadas por un elemento común: el doctor Anton y la violencia que permea ambos ambientes (excelente caracterización de Persbrandt). Aunque el recurso es manejado con notable habilidad y destreza por la directora Bier, uno no queda del todo satisfecho con su resolución.
La textura del film es áspera y desolada, pero ello no impide que el espectador adulto y consciente quede atrapado en los vaivenes de su vorágine.
El film provoca por la fuerza y genuina representación de personajes y situaciones, y entristece y perturba con igual intensidad ante la crueldad y certeza con la que transita sus postulados. Dramática, realista y muy envolvente historia que cuenta además, con una esplendida fotografía.

