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Cine y sociedad

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El fotógrafo de Mauthausen
¿Cansados de las historias y películas sobre las atrocidades de los Nazis durante la Segunda Guerra
Mundial? Es probable. Después de más de 70 años de dramatizaciones e interpretaciones sobre los horrores del Holocausto, a nadie debe sorprender que muchos sientan cierta fatiga y desaliento sobre el tema.

Sin embargo, tal como demostró el prestigioso director Christopher Nolan hace un par de años con la estupenda película “Dunkirk”, como también lo hace ahora la directora Mar Targarona con la menos efectiva y modesta ‘El Fotógrafo de Mauthausen’, (disponible en Netflix); todavía quedan por ahí interesantes historias y relatos sobre aquel conflicto bélico, desconocidos por la mayoría, que merecen ser abordados.

¿Quién fue Francesc Boix? Hasta el arribo de esta película, muy pocos podían responder con propiedad
dicha interrogante, incluyendo a quien suscribe. Boix fue un exiliado republicano español, quien, al terminar la Guerra Civil Española en 1939, se radicó en Francia.

Allí fue capturado por los alemanes y posteriormente trasladado como prisionero de guerra, junto con otros muchos españoles, al campo de concentración, o mejor dicho de exterminio, de Mauthausen, Austria. Su habilidad como fotógrafo probablemente le salvó la vida, en virtud de que le fue asignado ayudar en el registro de muchas de las aberraciones y vejámenes a las que dichos prisioneros eran sometidos.

‘El Fotógrafo de Mauthausen’ es una crónica de sus experiencias y de su interés por salvar muchos de los negativos fotográficos de lo que se vivió en aquella antesala del infierno.

Desafortunadamente, planteado de esa manera suena mucho más sugestivo y cautivador que la forma opaca y un tanto carente de brío como nos llega la historia escrita y dirigida por Targarona. Es decir, el relato tenía todo el potencial para atrapar y sacudir fuertemente al espectador.

Pero este efecto o impacto nunca llega. La película es un trabajo digno y honesto, pero mantiene un perfil bajo y contenido que constriñe su trascendencia. Asimismo, la estructura narrativa a la que apela la directora Targarona, es morosa, un tanto teatral y en general plana y sin mucho vigor.

Tal vez, eso tenga que ver con el hecho de que esta no es una super producción, y por lo tanto, no hay abundancia de recursos de los cuales disponer, pero en realidad esto no debería ser una hándicap para el film. La fuerza y el valor de esta historia –aspectos que nadie puede negar – deberían provenir de su interior, no de su entorno.

El Nacional

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