¿Qué Pasa?

CINE Y SOCIEDAD

CINE Y SOCIEDAD

Providence, Rhode Island.- El sábado pasado, 17 de Abril, varios amigos me llamaron para informarme sobre la repentina muerte de Arturo Rodríguez, y como es usual en estos casos, invariablemente uno se queda en ‘shock’. Todos vamos a morir algún día, esa es la realidad de la vida, pero uno no termina de acostumbrarse a ella. El cine dominicano ha perdido una gran voz. ¡Qué pena!

Conocí a Arturo a mediados de los años 80s en el Cine Club Lumiere, pero por supuesto, había venido siguiendo su trabajo a través de la televisión, y el periódico El Nacional.

En el Cine Club compartimos incontables momentos y cine forums, así como en otras innumerables actividades relacionadas con el cine, y la cultura en general. Y es que Arturo era indudablemente un intelectual, pero sobre todo un amante del cine a carta cabal, sin treguas y sin reservas.

No siempre estuvimos de acuerdo, puesto que Arturo defendía con pasión y un fervor inquebrantable sus puntos de vista. Pero eso sí, en todo momento lo respeté, y pienso que de igual modo actuó él conmigo. Probablemente yo no tenía nada que Arturo pudiera admirar, sobre todo en mis primeros años como critico de cine. Sin embargo, siempre admiré su enorme capacidad de trabajo, y su perenne disposición para apoyar o involucrarse en todo tipo de evento relacionado con el cine y la cultura.

Arturo fue una luz y un guía, un incansable promotor cultural y un maestro; fue como un niño que saltaba de una sala a otra los días de estrenos, como si de atrapar una golosina se tratara, y un amigo. De él aprendimos muchas cosas. Desde la distancia uno siente que todo lo que dejó en pie en su tierra, está desapareciendo o se está cayendo a pedazos. Es una terrible sensación de pérdida y desarraigo que día tras día se levanta incólume e imponente frente uno, como la otra cara de la tragedia del inmigrante. Hasta luego Arturo, y gracias por los recuerdos!

El Nacional

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