Para ponerlo de alguna forma, Seven Psychopaths es una película menor de esas que de vez en vez pegan la risotada y sorprenden de buena gana. Es decir, se trata de un film de bajo presupuesto, y sin pretensiones que solo aspira a ganar el cielo mientras nos enrostra su humor sardónico y brutal. Desafortunadamente, la película no mantiene el mismo tono y tesitura, y mucho antes de llegar a su tramo final pierde la cohesión y su gracia se diluye.
Ahora bien, antes de llegar a ese punto, el film ofrece una serie de encuentros y desencuentros, entre un grupo de personajes deliciosamente patéticos y retorcidos, y deliciosamente ridículos como grotescos. Marty Faranan (Colin Farrell) es un guionista de Los Ángeles con dos serios problemas: está perdido en la bebida y tiene un bloqueo de inspiración que no le permite arrancar con su más reciente proyecto.
Su amigo Billy (Sam Rockwell), quien se dedica junto con Hans (Christopher Walken) a secuestrar perros de adinerados para luego reclamar la recompensa, le propone una idea genial: escribir sobre psicópatas. Marty está de acuerdo, pero prefiere que el guion no sea muy violento. ¿Se imaginan ustedes un guión sobre un grupo de psicópatas que no sea muy violento? Todos estos personajes se entrecruzan con Charlie (Woody Harrelson), un sádico jefe mafioso quien por el único ser que siente afecto y por el cual es capaz de todo es por su perrita Shih Tzu Bonny.
No hay dudas de que la historia de Seven Psychopaths, escrita por el mismo director del film, Martin McDonagh, es inteligente, tiene agarre y giros inesperados como para atraer y sostener la atención del espectador maduro. Sin embargo, donde la película consigue la admiración de todos es el campo de las actuaciones. Todos los personajes están maravillosamente bien definidos, aún aquellos con breves apariciones como el que encarna Linda Bright Clay (la esposa enferma de Hans), lo cual representa un gran triunfo para el director inglés McDonagh.
Walken, Rockwel, Harrelson y Farrell son una delicia y a ellos se debe en parte los hilarantes momentos de la película. En esta historia, que no deja de tener un aliento existencialista, subyace un natural sentido del absurdo como uno de los elementos claves que sostienen la trama, pero es sobre los hombros de estos actores que descansa el buen discurrir del film. ¡Qué pena que no concluyera de la misma forma enérgica como empezó!

