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Cine y sociedad

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De que “Django Unchained” es una película ‘al estilo Quentin Tarantino’ no hay duda alguna. Allí están las milimétricamente planificadas y ejecutadas secuencias de acción, con su imprescindible brutalidad y grafica violencia, la verborrea a veces incesante, y también aunque en menor medida, sus puntualizantes y juiciosas piezas de diálogos.

Sin embargo, el film no llega al nivel ni la altura –el ritmo se resiente y al final se torna redundante –alcanzada por producciones como “Reservoir Dogs”, “Pulp Fiction” y hasta “Bastardos Sin Gloria”, que siguen siendo los puntos de referencia obligada cuando se trata de ponderar la carrera de Tarantino como director.

Naturalmente, ‘Django Unchained” es mucho más satisfactoria y ofrece, aún a pesar del lastre que representa su excesiva extensión, innumerables aspectos de interés y puntos de discusión, muchos de ellos de carácter esencialmente referencial, pero de cualquier modo mucho más gratificantes que lo que ofrecen la mayoría de los estrenos regulares.

El film, una cruzada vengativa y sangrienta recubierta de un pretendido manto de crítica social, arranca en algún lugar de Texas en el año 1858. Allí, un esclavo de nombre Django (Jamie Foxx) es comprado y posteriormente liberado por el caza recompensas alemán King Schultz (Christoph Waltz).

Ambos forman entonces un tándem que, cuál enviados del diablo, recorren primero la pradera sembrando de terror y muerte el camino a su paso, puesto que el film tiene la estructura y textura visual de un western, no en el sentido tradicional del genero, por supuesto; y luego se lanzan al rescate de la mujer de Django, esclavizada en una plantación en Mississippi, bajo la férrea y cruel tutela de Calvin Candie (Leonardo Di Caprio).

Lo que uno necesariamente tiene que valorar como positivo en la particular forma de hacer cine de Tarantino, es el innegable talento del director para componer secuencias de acción tan impecable e efectiva que paran hasta la respiración.

Igualmente, una vez más, muy pocos como él son capaces de lograr actuaciones memorables de su elenco, y “Django Unchained” no es la excepción. Tanto Waltz como Di Caprio están formidables; Foxx no lo es tanto, pero Samuel L. Jackson casi se roba la película con su servil e insidioso breve personaje.

El Nacional

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