En la celebración del 35 aniversario de la Federación Nacional de Comerciantes Detallistas de Provisiones (Fenacodep), dirigentes de la entidad parece que no tuvieron más que confesarse sobre los problemas del sector. La factura por el servicio eléctrico, la delincuencia, el comercio informal y la competencia fueron citados entre los problemas que afectan el comercio. Se supone que la situación es bastante delicada cuando sus dirigentes se atrevieron a asumir, sin reparar en las consecuencias, el discurso de la oposición. Solían compensar los costos operativos con alzas de precios, pero la estrategia parece que no les resulta. Es verdad que por la proliferación de grandes centros, menos personas compran en comercios detallistas. Aún así los establecimientos se han mantenido. Pero el drama se ha complicado, pues a las incisivas estocadas de las facturaciones por el servicio eléctrico se ha agregado, para dificultar más sus operaciones, la criminalidad. No se puede negar que la amalgama haya provocado el cierre de muchos y que otros estén al borde de la quiebra. Algunos de los dirigentes que se quejaron han sido defensores de la política del Gobierno sobre ese sector.
