Aunque lo que más haya sean entidades públicas infuncionales, de seguro que el Gobierno no pensará en otra comisión de indultos ni siquiera para guardar las apariencias.
La renuncia de cuatro de sus cincos integrantes por el escándalo de los indultos a condenados por corrupción ha sido un golpe muy fuerte para la transparencia y el método para excarcelar a reclusos por su buen comportamiento.
Fray Arístides Jiménez Richardson y la arquitecta Marisela Vargas han seguido los pasos de los periodistas Huchi Lora y Nuria Piera, quienes dejaron la natimuerta comisión tan pronto se conocieron los cuestionados indultos. Lo supieron cuando se enteraron por la prensa, a pesar de que habían pasado un buen tiempo trabajando con la Procuraduría en el asunto de los perdones. Esa es la historia. El alboroto ha sido de tal modo que ha relegado a un segundo plano el fallo de la Suprema Corte de Justicia sobre los recursos de inconstitucionalidad contra el préstamos por 130 millones de dólares con la Sun Land.
Los renunciantes de la Comisión de Indultos han alegado motivaciones éticas. Ante las inquietantes señales de deterioro que observa la sociedad, la decisión es elocuente y enaltecedora. Huchi y Nuria no vacilaron en dejar los puestos tan pronto se conoció el indulto.
Las renuncias constituyen un baldón y un ejemplo digno de tomar en cuenta por los sectores más sanos.
