Ante la crisis de valores que corroe y debilita a la nación, alientan conceptos como los enarbolados por el mayor general Rafael Ramírez Ferreira sobre la batalla que está llamada a librar la sociedad para no sucumbir frente a las inmoralidades.
El ex presidente de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) sostiene que darse por vencido, ceder o claudicar en los principios es la muerte en vida más indigna que pueda padecer un ser humano.
Esto debe ser motivo de reflexión para quienes, en aras de oportunidades y privilegios, no reparan en principios, historia ni nada. En ese aspecto la clase política ha dado los más vergonzosos ejemplos, lo mismo que oficiales que, en desmedro de su honra, han caído en debilidades.
No huelga la enseñanza del estudioso y competente oficial en el sentido de que actuar en base a principios es la mayor satisfacción y el mejor premio a que puede aspirar un hombre probo y de sentimientos.
En momentos en que a la gente parece importarle todo, los señalamientos del alto oficial caen como un bálsamo. Comprometido con sus principios y responsabilidades, estimula que reivindique como su mayor orgullo que jamás se le pueda acusar de traidor, inpeto y mucho menos de corrupto.
La verdad es que llena de satisfacción que en las Fuerzas Armadas haya oficiales que piensen y actúen como el mayor general Ramírez Ferreira, quien probó ser un hombre no sólo eficiente, sino de carácter, cuando ocupó la presidencia de un organismo tan controversial como la DNCD. Sus reflexiones no deben caer en el vacío.
