A menos que se confundan los augustos salones del Congreso Nacional con un cuartel o regimiento militar, no se entiende por qué senadores y diputados ingresan a las salas de sesiones armados literalmente hasta los dientes en violación a los reglamentos internos.
En cualquier parlamento del mundo, cuando se producen pleitos o enfrentamientos entre legisladores se dirimen a puñetazos o empujones, pero en el dominicano se ha llegado a disparar armas de fuego, como en la ocasión en que se pugnaba por la presidencia de la Cámara de Diputados.
Ahora se base que prevalece el riesgo de que se produzca una balacera en ese hemiciclo debido a que muchos legisladores creen que están en el Viejo Oeste americano.
La presidencia de la Cámara de Diputados y su comisión de disciplina deberían investigar a los legisladores que ingresan armados de pistolas y revólveres, antes de que por esa insensatez ocurra una desgracia.

