Pudiera tratarse de un acto temerario, pero cuesta aceptar que alguien pueda fiarse tanto como para intentar viajar al extranjero por una terminal aérea con cocaína hasta en los poros. Mulas como el estadounidense Ettu Abiombola, detenido con el estómago repleto de cocaína y con un kilo en las plantillas de los zapatos, son para que las autoridades investiguen más a fondo el problema. Cualquiera piensa que se tiene que ser un suicida para tratar de burlar los dispositivos de seguridad en los aeropuertos. De lo contrario hay que pensar en la posibilidad de que las mulas puedan contar con algún tipo de colaboración para exponerse en la forma en que lo ha hecho el estadounidense. El asunto ya no está en que los extranjeros ubican con facilidad los centros de acopio o que el país está inundado de la sustancia. El problema es, como se ha planteado en muchas otras ocasiones, que esos extranjeros se arriesguen a salir por las terminales aéreas como si se tratara de Pedro por su casa. Si se quiere cantar victoria en la lucha contra el narcotráfico las autoridades tendrán que ver el problema desde todos los ángulos. Hay muchas interrogantes en el asunto.
