Página Dos

Cójanlo

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Todavía no ha sonado el primer tiro ni caído el primer misil. Pero, aunque no hayan  perturbado ni siquiera el nervioso mercado petrolero, los vientos bélicos de Corea del Norte constituyen  el primer gran desafío para John Kerry como jefe de la diplomacia de Estados Unidos.

 Al margen de que vuelven a colocar el planeta ante el horror de una guerra nuclear. Molesto por maniobras conjuntas de Washington y Corea del Sur, el régimen norcoreano se declaró en “estado de guerra” y anunció el emplazamiento de misiles. Ahí no se detiene todo, pues el apoyo de China y Rusia al presidente Kim Jong-un es un factor que pesa en el conflicto.

En tanto la tensión crece, Corea del Sur se ha preparado para una “disuasión activa” frente a las amenazas nucleares y balísticas de su vecino. Y el Gobierno norteamericano, a la vez que calificó de retórica inaceptable la advertencia norcoreana, emplazó en la zona un destructor  capaz de interceptar misiles.

Pero Corea del Norte no se ha intimidado e insiste en sus proyectos nucleares. Y como ya en diciembre último había lanzado un cohete, la diplomacia estadounidense tendrá que moverse para detener el proyecto.

El Nacional

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