Página Dos

Cójanlo

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La decisión del jefe de la Policía de Puerto Rico de renunciar del cargo asediado por las críticas sobre el papel de la entidad frente a la ola de violencia ha puesto a pensar en República Dominicana. El asunto está en que aquí no hay tradición en ese sentido, a tal punto que se pueden contar con los dedos de las manos los funcionarios que han renunciado de sus cargos acosados por algún escándalo. Más bien se aferran como lapas, sin importarles que les demuestren la comisión de irregularidades o algún abuso. Aún así, el caso de José Figueroa Sancha debe convertirse en una invitación a la reflexión tanto del jefe de la Policía como de los demás funcionarios públicos. Cuando la población y los medios se quejan de incompetencia los funcionarios deben actuar o, en su defecto, dejar los puestos. Es lo que se estila en todos los países donde los funcionarios tienen siquiera un mínimo de respeto por sus ciudadanos. Figueroa Sancha defendió la actuación de la Policía frente a la sangrienta ola de violencia, pero renunció porque la gente lo considera compromisario de acciones punitivas. Es lo que puede llamarse cuestión de honor.

 

El Nacional

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