Fidel Castro ha dicho una verdad del tamaño de la Sierra Maestra, al advertir que muchos gobiernos de América Latina serían derrocados o quedarían a merced de los militares de extrema derecha, si el presidente Manuel Zelaya no es reintegrado en la presidencia de Honduras. Lo dicho por el líder de la Revolución cubana, de que una ola de golpes de Estado amenaza con barrer a muchos gobiernos de América Latina, tiene sentido porque el germen de las dictadoras militares está latente todavía en zonas de Suramérica y Centroamérica.
El peligro es aun mayor porque el golpe de Estado en Honduras fue recibido en centros de poder de Washington, con más flores que espinas y porque se ha fraguado un tipo de diálogo entre Zelaya y los golpistas que conduce a ninguna parte. Se resalta también que durante los gobiernos liberales en Estados Unidos, los golpes de Estado suelen ponerse de moda, toda vez que el gorilismo se aprovecha de debilidades de las administraciones demócratas para cohesionar acciones con esos despropósitos. Tal y como ha dicho Fidel, o muere el golpe o muere la Constitución. Una advertencia bien fundamentada, como para tomarse en cuenta.
