La embestida simultánea de Donald Trump contra China y Rusia, a los que ha castigado con sanciones comerciales, ha forzado a las dos potencias a forjar una alianza militar para preservar sus espacios.
Mongolia también forma parte de la potente alianza, pero es claro que su presencia no es tan significativa.
La decisión de las dos potencias es obvio que no intimidará al impetuoso gobernante estadounidense, pero crea más incertidumbre en un planeta que tiene en el repunte de los precios del petróleo ya motivos para estar preocupado.
La alianza generará por lo menos más tensiones en todas partes, aunque la finalidad sea garantizar la estabilidad de Eurasia.
En la ceremonia con motivo de las maniobras militares “Vostok 2018”, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, transmitió un mensaje bastante claro al afirmar que su Ejército debe estar preparado para defender la soberanía y los intereses nacionales, y, en caso necesario, apoyar a sus aliados.
Que Trump no se sienta aludido es una cosa, pero la alianza con China y la advertencia de Putin no dejan espacio para confusión alguna. Es una alianza con un único blanco. Dígase lo que se diga.
