Extrañas y contradictorias informaciones se tienen hasta hoy acerca de la cantidad de muertos y personas afectadas de cólera, en La Ciénaga, en Santo Domingo. De lo que sí se está seguro es que las condiciones en que viven los habitantes de esta localidad, debido principalmente a la más extrema pobreza, el hacinamiento y la insalubridad.
Aquí solo se acuerdan de La Ciénaga, cuando tenemos el agua al cuello por las inundaciones, cuando hay brotes de dengue y ahora con esta vaina del cólera o en tiempo de campaña, pero ni la prensa se acuerda de nosotros, si no es así, exclamó Aura Mercedes Pérez.
La Ciénaga, que debe su nombre a las características de su entorno geográfico (aguas estancadas y tierra húmeda por su proximidad con el río Ozama y el paso de la cañada de Bonavides), es una localidad a la margen del citado río, perteneciente al barrio Domingo Savio, a unos 10 minutos del centro de la ciudad.
Dividida por la cañada de Bonavides, La Ciénaga pertenece tanto a Guachapita, tema de este trabajo, como a Los Guandules.
En esta demarcación territorial viven unas 12 mil familias, alrededor 40 mil habitantes, algunos en la más extrema pobreza. Este sector fue formado después de la muerte de Trujillo y principalmente, después de la revolución del 1965, por campesinos cibaeños y sureños, que ahora son la mayoría.
En los primeros tiempos la casi totalidad de los terrenos de estas zona estaban en manos de tres señores llamados Chucho, Enrique el haitiano y Gurabo, quienes fueron de los primeros pobladores y lo que vendían los solares a cualquier precio. Informó Domingo Bueno, representante de la Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo de La Ciénaga (CODECI).
La Ciénaga-Guachupita está dividida en seis sectores: Clarín, Orlando Martínez, El Arrozal (debe su nombre que en un tiempo aquí se sembraba arroz), Los Cocos, Respaldo Clarín o calle 9 y Cañada de Bonavides. Estos cinco sectores comparten las mismas precariedades, en unos más que otros, se observa más la pobreza y la insalubridad.
El Arrozal y Los Cocos, quizás las dos secciones más empobrecidas y las más afectadas por las mini-cañadas en toda esta demarcación, podrían convertirse en los focos de contaminación más importantes del cólera, en todos los grupos circundantes, por la falta de controles de las aguas negras, cloacales y mal olientes, sumado a la gran cantidad de basura y desperdicios que también se observan.
Estas dos localidades parecen barrios de hojalatas, ya que la mayoría de sus viviendas están fabricadas con palos y hojas de latas extraídas de tanques viejos, afiches de metal, latas de aceite o zinc. Aunque aquí no se carece de agua, no se cuenta con un sistema de alcantarillado para el sistema cloacal y desagües, lo que empeora la situación.
Su modo de vida es el chiripeo, principalmente el motoconcho. También la pesca juega un papel importante como sustento y trabajo informal.
La fabricación de suaper, la venta de productos en triciclos, recolección de hierros, botellas y la costura, son otras fuentes de ingresos de la zona. Pero directamente y de manera fija, La Fundación de Saneamiento Ambiental, es la empresa que ofrece mayor cantidad de empleos.
Un alto porcentaje de la niñez de aquí no tiene actas de nacimientos por lo cual no estudian y la población adolescente carecen de un liceo por lo cual desertan después de la escuela primaria e intermedia, dice Héctor Morillo.
UN APUNTE
Faltan letrinas
Debido a las condiciones propias en que viven y al terreno pantanoso, construir en las partes bajas, una letrina o sanitario resulta muy dificultoso y problemático, por lo cual muchos lugareños hacen sus necesidades en fundas plásticas, que luego son depositadas en la cañada o lanzada al río.

